La irrupción de la inteligencia artificial reavivó el temor al desempleo masivo. Sin embargo, el obstáculo principal no es la pérdida de puestos, sino el empeño corporativo por integrar herramientas de última generación en esquemas de trabajo anticuados.
Chile corre con ventaja estratégica: lidera el Índice Latinoamericano de IA y genera sobre 220.000 empleos en servicios digitales. Según Forbes Chile, hacia 2030, McKinsey proyecta que esta tecnología podría aportar más de US$ 14.300 millones anuales al país. No obstante, las empresas locales avanzan a paso lento para capitalizar este impulso.
El informe Global Talent Trends 2026 Resolución de la ecuación persona-máquina de la consultora Mercer revela la encrucijada: el 63% de los ejecutivos admite que es urgente reestructurar las tareas, pero solo el 32% confía en la sinergia entre su personal y las máquinas.
Al respecto, Fernando Vélez, Director de Transformación de Mercer Chile, sostiene a Forbes Chile:
“La IA no rinde sobre procesos obsoletos; rinde cuando el trabajo se repiensa desde cero”.
Aunque el 99% de la alta dirección anticipa ajustes en sus dotaciones en los próximos dos años, apenas el 46% de los departamentos de Recursos Humanos trabaja en rediseñar las funciones que permanecerán. Esto explica por qué el 57% de las firmas implementó chatbots, pero solo una de cada cinco logró resultados significativos.
Con todo, los trabajadores empujan el cambio: más de 150.000 chilenos ya usan IA en sus funciones y el 54% la considera clave para su estabilidad. La respuesta final recae en el liderazgo. Como enfatiza Vélez:
“La ventaja de Chile en IA no se pierde por falta de tecnología. Se pierde por falta de decisión”
El impacto también alcanza el plano humano. La ansiedad de los trabajadores frente a la IA se disparó del 28% al 40% en dos años, sumado a que la automatización de labores básicas achica el espacio de formación para jóvenes profesionales.