Uno de los relatos más conocidos vincula a la imagen religiosa con Catalina de los Ríos y Lisperguer, uno de los personajes más polémicos de la historia colonial chilena.
Según el historiador Benjamín Vicuña Mackenna, la imagen permanecía temporalmente en la casa de "La Quintrala" mientras se realizaban trabajos de reconstrucción en la iglesia de los agustinos tras el terremoto de 1647.
De acuerdo al mito popular, “La Quintrala” habría castigado brutalmente a uno de sus peones frente a la figura. En ese momento, la imagen la habría “mirado mal”, situación que provocó la molestia de la mujer, quien ordenó retirar inmediatamente la estatua del lugar.
Con el paso de los años, el Cristo de Mayo se transformó en una de las figuras religiosas más emblemáticas de la capital y su tradicional procesión continúa siendo parte importante de la historia y patrimonio cultural santiaguino.

