A pocos días de Fiestas Patrias, la cadena de abastecimiento enfrenta uno de sus periodos más exigentes del año. El aumento en la demanda por carnes, aceites, quesos y otros alimentos coincide esta vez con un escenario de aperturas y cierres sucesivos en el Paso Los Libertadores, principal corredor terrestre entre Chile y Argentina.
Las ventanas de funcionamiento han permitido liberar parte de los camiones que permanecían detenidos, pero no han sido suficientes para recuperar completamente la regularidad de los viajes. Para transportistas, importadores y distribuidores, cada nueva interrupción obliga a recalcular rutas, horarios de entrega, consumo de combustible y condiciones de almacenamiento.
La relevancia del corredor queda reflejada en el volumen de mercancías que moviliza. Durante 2025, ingresaron a Chile por Los Libertadores alrededor de US$7.050 millones en productos importados, de los cuales US$2.012 millones correspondieron a carnes, según cifras de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales.
Por esta ruta también se transportan aceites, quesos, arroz, azúcar y otros productos utilizados en la preparación de alimentos. Argentina, además, es uno de los proveedores relevantes de trigo para Chile, materia prima esencial para la elaboración de harina y productos de alto consumo durante septiembre, como las empanadas.
El escenario no implica que exista actualmente un riesgo de desabastecimiento ni que todos estos productos ingresen exclusivamente por Los Libertadores. Sin embargo, la inestabilidad del paso sí aumenta la presión sobre una cadena logística que durante estas semanas debe responder a una mayor demanda.
“Cuando hay aperturas y cierres permanentes, el desafío es reaccionar rápido. Al tener visibilidad del estado del camión, su consumo de combustible, su telemetría, tiempos de detención y condiciones de la carga se pueden tomar decisiones con información y no simplemente esperar a que cambien las condiciones”, explica Rodrigo Serrano, Vicepresidente de Innovación y Desarrollo de Wisetrack.
Uno de los puntos más sensibles es el traslado de carnes, lácteos y otros productos refrigerados. Cuando un camión queda detenido, debe mantener operativos sus equipos de frío, lo que incrementa el consumo de combustible y exige vigilar permanentemente la temperatura para evitar que la carga pierda sus condiciones óptimas.
En una carga refrigerada, esperar muchas horas, no sólo es un problema de retraso. Hay combustible, energía, cadena de frío y un producto que durante todo el trayecto debe estar dentro de unas determinadas condiciones. “Por eso, en escenarios de alta incertidumbre, la información en tiempo real se vuelve una herramienta crítica”, agrega Serrano.
De cara al 18 de septiembre, el principal impacto no está necesariamente en la falta de productos, sino en los mayores tiempos de traslado, costos operacionales y dificultades para planificar las entregas. Una presión logística que comienza en la cordillera, pero que puede terminar incidiendo en toda la cadena que abastece la mesa de Fiestas Patrias.

