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La historia de Verónica, madre e ingeniera asesinada frente a su hija en Las Condes

La víctima fue atacada por su pareja con un arma blanca, quien le provocó la muerte tras herirla en el rostro y el cuello.

TVN.cl

La historia de Verónica, madre e ingeniera asesinada frente a su hija en Las Condes

Miércoles 1 de abril de 2026

Un brutal femicidio ocurrido en Las Condes ha generado profunda conmoción, luego de que una mujer de 32 años fuera asesinada por su pareja al interior de un departamento, en presencia de su hija de tres años.

La víctima, Verónica Valencia, se encontraba en Santiago junto a su familia tras viajar desde Calama. En ese contexto, su pareja, Jorge Torrejón, de 52 años, la atacó con un arma blanca, provocándole la muerte tras herirla en el rostro y el cuello.

Tras el crimen, el propio agresor reconoció lo ocurrido ante terceros. Según antecedentes del caso, salió al pasillo del edificio y le pidió a una vecina: "Por favor, cuide a mi hija. Acabo de pelear con mi mujer y la maté". Actualmente, el imputado se encuentra en prisión preventiva.

El caso ha impactado especialmente por el relato de cercanos a la víctima. En conversación con LUN, su mejor amiga, Magdalena, la describió como "una extraordinaria ingeniera metalmecánica" y recordó que junto a su pareja "les encantaba viajar juntos a todos lados".

Verónica era oriunda de Angol, pero se trasladó hace 15 años a Calama, donde continuó sus estudios y se desarrolló profesionalmente. Incluso, realizó un diplomado en gestión de calidad en análisis químico enfocado en la minería.

Su amiga también destacó su desempeño laboral, recordando que ambas se conocieron cuando Valencia se desempeñaba como jefa de turno en una empresa ligada a la división Radomiro Tomic. "Era una jefa excelente, muy apasionada con lo que hacía, le encantaba su trabajo. Y era muy buena profesora, no tenía problemas con enseñarte todo lo relacionado con el laboratorio", relató Magdalena.

Sobre la relación de la pareja, señaló que conoció al agresor hace seis años y que, según su percepción, no existían señales evidentes de conflicto. "No había celos. Ella no se los podía dar. Trabajaba en un lugar donde hay puras mujeres; se iba del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Nuestros carretes eran hacer completos o queques. Como carrete de viejas. Nunca salíamos a ninguna parte y no tomábamos nada", agregó.