ExponencIAl es la nueva iniciativa de Televisión Nacional que nos parece muy relevante. Estamos en un cambio de era en el que predominará la exponencialidad y el aceleracionismo, nunca en la historia de la humanidad habíamos vivido transformaciones tan profundas a estas velocidades, en que la tecnología está cambiando todo lo que conocemos.
¿Por qué? Porque desde los inicios de nuestra aventura evolutiva la tecnología ha sido el motor que modificó nuestros cuerpos, nuestros cerebros y nuestra cultura. Y la historia lo demuestra: si hace siete millones de años uno de nuestros ancestros no se hubiera puesto de pie, hecho que fue probablemente fortuito, seguiríamos en los árboles. Si hace tres millones y medio de años no se hubieran tallado las primeras herramientas de piedra, habríamos permanecido herbívoros. Si hace 800.000 años no se hubiera dominado el fuego, el cerebro no habría crecido. Si en 1440 no hubiera existido la imprenta, no habría habido Renacimiento, ni Revolución Francesa, ni Revolución Americana. Y sin la domesticación de plantas y animales hace 12.000 años, tampoco habría habido civilización ni pensamiento colaborativo que nos permitió sobrevivir.
Todas esas tecnologías compartían dos características: aumentaban las capacidades del ser humano y no lo sustituían. El martillo siempre fue martillo. El arado siempre fue arado. La rueda siempre fue rueda.
Lo que estamos viviendo hoy es otra cosa. Estamos frente a una evolución a escala tecnológica, en la que la biotecnología, por ejemplo, puede producir en segundos cambios que la evolución natural habría tardado millones de años en generar.
Pero la velocidad no es el único desafío. La inteligencia artificial es una tecnología capaz de aprender y evolucionar por sí misma, con el potencial de desplazar al ser humano. El problema es que nuestras instituciones fueron diseñadas a escala humana. El mundo que emerge opera con una velocidad y complejidad que esas estructuras ya no pueden comprender ni gobernar. De ahí surgen dos grandes riesgos: la obsolescencia institucional y, en un plano más profundo, el reemplazo del ser humano.
Así como nuestros ancestros pusieron fin al Homo erectus y este al Homo habilis, podríamos estar ante un proceso evolutivo que ponga fin al humano tal como lo conocemos. Es una decisión ética que debemos tomar ahora: qué queremos preservar de lo humano, si queremos seguir siéndolo.
Esa decisión se conecta con el llamado del Papa León XIV a rescatar el humanismo y reponer los valores que lo definen: los derechos humanos, la igualdad, la democracia. No es una apelación menor, porque existe una visión ideológica instalada en el corazón de Silicon Valley, que apunta en la dirección contraria. Se llama la Ilustración Oscura, porque combate deliberadamente los valores de la Ilustración para transitar hacia una poshumanidad. Enfrentar ese desafío no es una tarea técnica. Es una tarea intelectual y política de primer orden.
La política hoy vive en la inmediatez y no tiene las competencias para imaginar el futuro. Necesitamos reconstruir un ecosistema entre las universidades, el mundo intelectual e instituciones públicas que sea capaz de ofrecer una mirada a la altura de lo que se viene.
Por ello, avanzar en estas reflexiones es una urgencia. Y es exactamente lo que ExponencIAl invita a hacer: pensar, desde los más diversos puntos de vista, los desafíos que enfrenta la humanidad.
Comencé afirmando que fueron las tecnologías las que nos hicieron humanos y que, hasta ahora, ampliaron nuestras capacidades. El martillo multiplicó nuestra fuerza, pero nunca dejó de estar bajo nuestro control. Hoy enfrentamos una tecnología capaz de desarrollar capacidades que rivalizan con las nuestras. El desafío no es frenar su avance, sino ponerlo al servicio de la humanidad. Porque el futuro no dependerá de la inteligencia de las máquinas, sino de la sabiduría con que decidamos utilizarlas.

