Internet es mucho más que un espacio para jugar o hacer tareas.
Ante el crecimiento de los discursos de odio en el entorno digital, diversos colegios están tomando medidas preventivas para evitar que estas influencias se traducen en agresiones dentro de las comunidades educativas.
El extremismo violento entendido como la promoción o uso de la violencia con fines ideológicos, religiosos o políticos es un fenómeno creciente que sustenta este tipo de medidas.
La estrategia se basa en directrices internacionales y nacionales, como la guía de la UNESCO (2016), el marco de protección infantil del Reino Unido (2024) y orientaciones del MINEDUC para el manejo de situaciones críticas.
El factor emocional
¿Por qué un adolescente cae en estas redes? Para entender el trasfondo, desde el Equipo de Salvaguarda de la institución lo explican en un diagnóstico claro.
"El sentido de pertenencia es una necesidad psicológica básica y los grupos a los que pertenecemos conforman quiénes somos y en quiénes nos convertimos", detalló Valentina Cerda, psicóloga y coordinadora de Salvaguarda de Cognita.
Y advirtió que "la exclusión social, por el contrario, puede provocar reacciones poderosas, negativas y profundamente arraigadas".
¿Qué se puede hacer?
No se conocen indicadores definitivos de que un joven sea vulnerable a la radicalización, pero hay una serie de señales que, en conjunto, aumentan el riesgo.
Sin embargo, los especialistas recomiendan a las familias estar atentas a cambios de comportamiento que sean constantes en el tiempo:
- Cambios bruscos en el discurso: Aparición de ideas rígidas y verbalización de puntos de vista intolerantes a la diferencia o antidemocráticos.
- Admiración por la violencia: Glorificar actos violentos, especialmente hacia otras culturas o religiones, y abogar derechamente por agredir a los demás.
- Aislamiento e introversión extrema: Negativa a interactuar socialmente, mostrando signos evidentes de retraimiento y un comportamiento reservado inusual.
- Uso de símbolos o códigos: Utilización de lenguaje simbólico ideológico, o la presencia de grafitis, dibujos o escritos que evidencien temáticas extremistas.
- Consumo digital intensivo: Visualización regular de sitios de internet que aprueban opiniones radicales, sumado a la referencia constante a teorías apocalípticas y conspirativas.
- Nuevas influencias radicales: Influencia marcada de pares o adultos con discursos extremos, lo que suele derivar en conflictos con la familia por el nuevo estilo de vida.
Para enfrentar estas amenazas, la red fue más allá del cumplimiento normativo con el programa pionero “Be an Upstander” (Ser un defensor), implementado inicialmente en The Greenland School.
La iniciativa busca que los estudiantes dejen de ser espectadores pasivos y actúen de forma segura para apoyar a sus pares, promoviendo un cambio en la forma de abordar los conflictos escolares.
Este enfoque se complementa con medidas institucionales: sistemas de filtrado que bloquean contenidos de odio y protocolos de alerta temprana.
Ante conductas inusuales, se activa un reporte al encargado de convivencia escolar para intervenir con los apoderados. Si la situación es grave o podría constituir delito, se deriva a Carabineros, la PDI o la Fiscalía.

