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¿Por qué tenemos pesadillas? La ciencia detrás de nuestros sueños más inquietantes

En el marco del Día Mundial del Sueño, expertos señalan los motivos que provoca esta perturbación del dormir.

TVN

Viernes 13 de marzo de 2026

Cada año, el Día Mundial del Sueño busca generar conciencia sobre la importancia de un descanso adecuado para la salud física y mental. Sin embargo, para muchas personas dormir no siempre significa descansar, especialmente cuando el sueño se ve interrumpido por pesadillas recurrentes.

Desde una perspectiva psicoanalítica, los sueños —incluyendo las pesadillas— son expresiones del inconsciente, es decir, manifestaciones de la vida psíquica que emergen durante el descanso. Cuando estos sueños se vuelven particularmente angustiantes, pueden reflejar conflictos internos que aún no han sido completamente elaborados.

En ese contexto, el psicólogo y académico de la Universidad Andrés Bello, Pablo Johnson, señala que existen distintos factores que pueden favorecer la aparición de pesadillas, los cuales abarcan aspectos biológicos, ambientales y emocionales.

Sustancias y medicamentos

El consumo de alcohol, cafeína o ciertos psicofármacos puede alterar la calidad del descanso, especialmente la fase REM, que es el momento del sueño en que ocurren los sueños más vívidos.

Según explica Johnson, cuando esta fase se ve modificada, pueden aparecer sueños más intensos o desorganizados, lo que facilita la aparición de contenidos oníricos más perturbadores o angustiantes.

Hábitos alimenticios antes de dormir

La alimentación también puede influir en la calidad del sueño. Consumir comidas muy pesadas o ingerir alimentos poco antes de acostarse puede alterar el metabolismo nocturno y generar un descanso menos profundo.

Esto puede provocar un sueño más fragmentado o inestable, lo que aumenta la probabilidad de experimentar sueños intensos o pesadillas durante la noche.

Uso excesivo de pantallas durante la noche

El uso prolongado de celulares, videojuegos o redes sociales antes de dormir también puede afectar el descanso. Esto se debe a que estos dispositivos generan estimulación cognitiva y emocional justo antes del momento en que el cuerpo debería comenzar a relajarse.

Además, la exposición a contenidos ansiógenos o violentos puede impactar en la actividad mental previa al sueño, interfiriendo con los procesos psicológicos que se desarrollan durante la noche.

Estrés y ansiedad acumulada

Las preocupaciones cotidianas, como conflictos personales, exigencias laborales o académicas y situaciones de incertidumbre, también pueden influir en la aparición de pesadillas.

Durante el sueño, la mente continúa procesando experiencias y emociones. Por ello, cuando existe un alto nivel de estrés o ansiedad, estas tensiones pueden manifestarse a través de sueños intensos o perturbadores.

Experiencias traumáticas

En personas que han vivido eventos traumáticos o situaciones emocionalmente dolorosas, las pesadillas pueden aparecer como una forma de repetir o procesar aquello que aún no ha sido elaborado psicológicamente.

En estos casos, explica Johnson, el sueño muchas veces deja de cumplir su función habitual y se transforma en una repetición angustiante de la experiencia traumática, fenómeno que puede requerir acompañamiento profesional.

Finalmente, el especialista advierte que las pesadillas no deben entenderse únicamente como un fenómeno aislado. En muchos casos pueden ser una vía de expresión de aspectos emocionales que la persona no logra procesar plenamente durante la vigilia.