El modelo tradicional de liderazgo comienza a perder atractivo entre las nuevas generaciones. De acuerdo con la Encuesta Gen Z & Millennials 2025 de Deloitte, solo el 6% de los jóvenes aspira a ocupar cargos de liderazgo, mientras que más de la mitad evita conscientemente los mandos medios. En Chile, además, el 39% prioriza su salud y vida personal por sobre un ascenso laboral y un 43% rechazaría una promoción si esta afectara su calidad de vida.
La tendencia, conocida como conscious unbossing o desvinculación consciente del poder, refleja que cada vez más profesionales prefieren desarrollar su especialización, cuidar su bienestar y buscar un propósito antes que asumir una jefatura bajo los modelos tradicionales.
Para Pablo Fuenzalida, experto en transformación humana, docente de la UAI y fundador de Dinámicas Humanas y DhumanLab, este fenómeno no evidencia una generación menos comprometida, sino una nueva forma de entender el éxito profesional.
"Esta generación no dejó de querer crecer; dejó de creer que crecer significa necesariamente mandar. Durante décadas el único camino de desarrollo profesional fue vertical y hoy los jóvenes están construyendo otras formas de sentirse exitosos: dominar un oficio, tener impacto o sostener una vida que les haga sentido”, sostiene el experto y agrega que “el dato del 6% no habla de jóvenes desmotivados; habla de jóvenes que ya no creen que el poder jerárquico sea sinónimo de una vida lograda”.
Según el especialista, quienes hoy descartan asumir una jefatura no lo hacen por falta de ambición, sino porque han observado de cerca el costo que implica liderar bajo el modelo actual.
"Ven el costo real, no el prestigio. Ven a alguien que absorbe la presión de arriba y las frustraciones de abajo, que responde por resultados que no siempre controla y que muchas veces perdió el vínculo humano con su equipo en el camino. Están mirando el cargo tal como es —no como se vende en la publicidad corporativa— y decidiendo, con información, que ese lugar no los atrae”, advierte Fuenzalida.
Esta percepción se desarrolla en un contexto donde el desgaste laboral y el burnout han cobrado mayor relevancia, haciendo que muchas personas cuestionen si asumir mayores responsabilidades realmente se traduce en una mejor calidad de vida.
Para Fuenzalida, el problema no radica en que las nuevas generaciones rechacen el liderazgo, sino en el tipo de liderazgo que las organizaciones han promovido durante décadas.
"Los jóvenes no están rechazando liderar; están rechazando un modelo específico de liderazgo que asociaron, por experiencia directa, con desgaste y desconexión humana. Crecieron viendo a sus propios jefes —o a sus padres— agotados, ausentes o ejerciendo una autoridad que muchas veces no lograba inspirar. Aprendieron por observación y lo que observaron no los convenció”, afirma.
A juicio del académico, el auge del conscious unbossing representa una oportunidad para que las empresas revisen el diseño de sus cargos de liderazgo y los adapten a las expectativas de las nuevas generaciones.
"Seguimos diseñando cargos de jefatura pensados para estructuras jerárquicas rígidas. Continuamos pidiéndole al jefe que controle, que reporte y que sea el filtro de toda decisión, y muy poco que conecte, que confíe en su equipo y que lidere desde la coherencia. No es que los jóvenes tengan un problema con el poder; tienen un problema con una versión del poder que ya no representa lo que ellos valoran”, argumenta el experto.
En ese escenario, sostiene que el desafío para las organizaciones ya no es convencer a los jóvenes de aceptar cargos de liderazgo, sino transformar esas posiciones en experiencias sostenibles y atractivas.
¿Qué deben hacer las empresas?
Para Pablo Fuenzalida, el desafío ya no es convencer a las nuevas generaciones de asumir cargos de liderazgo, sino rediseñar esas posiciones para que vuelvan a ser atractivas. En ese sentido, plantea tres cambios clave:
- Separar liderazgo de control, dejando atrás modelos basados en la supervisión permanente y privilegiando la confianza y la autonomía.
- Hacer sostenible el rol de jefatura, reduciendo la sobrecarga y el desgaste que hoy desincentivan a quienes podrían asumir esos cargos.
- Formar líderes desde adentro hacia afuera, capaces de generar confianza, desarrollar a sus equipos y ejercer una autoridad que se construya desde la coherencia y no desde la imposición.

