La relación entre la riqueza de una nación y su optimismo hacia la Inteligencia Artificial (IA) no es lineal; es inversamente proporcional.
Un contundente gráfico de Latinometrics, que cruza datos de PIB per cápita del FMI con el "AI Monitor 2025" de Ipsos, confirma la tesis: "The richer the country, the less it trusts AI". Este "paradigma de la prosperidad" divide al mundo en dos bloques claros de percepción.
El Bloque de la Precaución: Altos Ingresos
Las naciones que lideran los rankings de PIB per cápita se encuentran, casi sin excepción, en la parte baja de la tabla de optimismo.
El gráfico ubica a potencias como Estados Unidos, Suiza, los Países Bajos y Alemania en un cuadrante de altos ingresos y baja confianza, donde menos del 50% de la población cree que la IA tiene más beneficios que desventajas. Japón, a pesar de su perfil tecnológico, registra un notable 48% de optimismo, un dato que resalta la desconfianza estructural en estos mercados consolidados.
Para estas sociedades, con mercados laborales cualificados, la IA se percibe más como una amenaza de desplazamiento que como una herramienta de progreso.
El Bloque de la Esperanza: Economías Emergentes
En el extremo opuesto, los países con PIB per cápita más bajos muestran un entusiasmo arrollador.
Indonesia y China encabezan el ranking global, superando el 80% de respuestas que ven más beneficios netos en la IA. En esta categoría, mercados emergentes como India y gran parte de Latinoamérica se mueven en un rango de optimismo de entre el 60% y el 70%. Para estas economías, cerrar brechas de productividad es una prioridad absoluta y la tecnología se ve como un acelerador de desarrollo.
¿Dónde se ubica Chile?
Dentro de la región, Chile ocupa un lugar estratégico en el gráfico. Con un PIB per cápita superior al promedio latinoamericano, registra cerca de un 64% de optimismo sobre el impacto de la IA.
Si bien se ubica un escalón por debajo del entusiasmo registrado en Perú o México (ambos sobre el 70%), los chilenos mantienen una confianza significativamente superior a la de países con ingresos similares en Europa o Asia, viendo en la automatización una oportunidad clave para el crecimiento local.
La brecha de confianza en la IA no es un tema de "alfabetización tecnológica", sino de percepción de valor y riesgo según la estabilidad económica de cada país. Como concluye Latinometrics, "la relación entre la IA y el desarrollo es difusa", pero los datos muestran que los países con más que perder son los que observan la automatización con mayor recelo.
