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Patricio Cofré: Chile en la cadena de la IA

Columnista Exponencial: Patricio Cofré ha sido socio de Consultoría en Datos, Analítica e Inteligencia Artificial de EY Chile y anteriormente fue cofundador y CEO de Metric Arts. Ha liderado proyectos de transformación basados en datos e IA en sectores como servicios financieros, gobierno e industrias productivas

TVN.cl

Sábado 20 de junio de 2026

Un operador de mantenimientominero llega a su oficina en el norte de Chile, antes de que el resto del equipo encienda las pantallas. Abre el modelo de IA con el que analiza señales y arma sus informes, el mismo que ayer respondía en segundos, y la herramienta no está. No hay falla eléctrica ni problema de conexión. Durante la noche, un gobierno en otro continente decidió que ese servicio dejaba de estar disponible, y la decisión llegó hasta su escritorio sin pedir permiso. El analista nunca firmó nada con ese gobierno. Simplemente dependía de algo que creía neutral.

No es una escena imaginaria. La semana pasada Anthropic, una de las empresas líderes en inteligencia artificial, tuvo que desconectar sus modelos más avanzados, Fable 5 y Mythos 5, para todos sus clientes en el mundo. La causa no fue técnica. El gobierno de Estados Unidos emitió una directiva de control de exportaciones, invocando seguridad nacional, que prohibía el acceso a cualquier persona fuera de su territorio. Un columnista del New York Times describió el episodio como el comienzo de un nuevo tipo de conflicto, una pugna entre poderes privados y Estados por decidir quién manda realmente en un mundo dominado por la IA.

Lo inquietante es la facilidad del corte. Anthropic llevaba tiempo pidiendo que los gobiernos pudieran frenar despliegues inseguros, pero pedía un proceso transparente, técnico y reglado. Lo que recibió fue otra cosa, una orden política aplicada de un día para otro, con evidencia pública débil, sobre un producto usado por cientos de millones de personas. Hoy fueron los modelos. Mañana podría ser cualquier otro servicio digital del que dependemos sin pensarlo, desde una nube hasta una plataforma de pagos. La advertencia es evidente para cualquier país que construya su economía sobre infraestructura que no controla.

Conviene mirar la economía del asunto y no solo la política. El valor de la era digital ya no vive únicamente en el software, vive en quién tiene la llave de encendido. Cuando esa llave está en una sola jurisdicción, la eficiencia se paga con fragilidad. Para Chile, que aspira a ser un hub digital de América Latina, el riesgo es concreto. Durante años nuestra principal conexión de datos miró hacia el norte, hacia Estados Unidos, a través del cable Curie de Google que aterriza en Valparaíso. Una sola gran ruta de salida es muy eficiente, mientras nadie la cierre.

La buena noticia es que Chile ya entendió parte del problema y empezó a moverse antes que muchos. El cable Humboldt, una alianza entre el Estadoy Google, conectará por primera vez Sudamérica con Asia Pacífico cruzando casi quince mil kilómetros hasta Australia. Su efecto no es solo más velocidad. Es dejar de ser el último vagón de la ruta norteamericana para convertirnos en una puerta con dos salidas. En redes, igual que en comercio, la resiliencia se construye con nodos alternativos. Mientras más caminos tiene el tráfico, menos puede apretar quien controla uno solo.

Ahí está nuestra verdadera ventaja. Chile tiene una tradición larga de apertura comercial y buenas relaciones con casi todos los bloques, un activo escaso en un mundo que se fragmenta. Tiene energía renovable abundante en el norte para alimentar centros de datos, cobre y litio que sostienen el hardware global, y una institucionalidad de protección de datos recién modernizada que se acerca a los estándares europeos. No somos espectadores de la cadena de suministro de la IA. Podemos ser un eslabón confiable, precisamente porque no estamos obligados a elegir un solo dueño.

Eso exige una decisión, y no es solo del gobierno. Las empresas chilenas que hoy montan procesos críticos sobre un único proveedor extranjero deberían preguntarse qué harían si mañana ese proveedor amanece apagado por una orden ajena. Diversificar proveedores, exigir portabilidad de los datos, alojar lo esencial en más de una jurisdicción y participar de las reglas de gobernanza global dejó de ser un lujo y pasó a ser gestión de riesgo elemental.

Volvamos al operador de mantenimiento en el norte de Chile. Cuando su herramienta vuelva a encenderse, y probablemente vuelva pronto, la pregunta ya no será qué tan potente es su modelo. Será otra, más incómoda y estratégica. Cuánto de su trabajo cuelga de API, modelos y recursos con la llave de encendido en manos ajenas, y cuántas alternativas dejaron listas, él y su país, para que una orden lejana no lo vuelva a dejar frente a una pantalla en blanco.