Para algunos aficionados que siguen este Mundial, el cálculo ha sido sencillo: apoyar a quien juegue contra Argentina, lo que ha significado a lo largo del torneo vestirse con el verde de Argelia, el azul de Cabo Verde o el rojo de Suiza.
Incluso, la a menudo denostada selección de Inglaterra recibió un impulso en las redes sociales de todo el mundo la semana pasada, antes de su enfrentamiento con los trasandinos en semifinales. Y en la final del domingo, puede que eso signifique ponerse la camiseta roja de España.
Argentina es una de las selecciones más exitosas y reconocibles del fútbol, pero también una de las que más opiniones encontradas suscita. Desde la actitud desafiante de Diego Maradona hasta la fama mundial de Lionel Messi, lleva mucho tiempo inspirando devoción tanto en su país como en el extranjero, al tiempo que provoca irritación, envidia y resentimiento entre sus rivales.
LA LEYENDA DE MARADONA
La identidad futbolística argentina ha sido forjada por jugadores extraordinarios. Maradona lideró la conquista del Mundial de 1986 con dos goles ante Inglaterra en cuartos de final —la infame "Mano de Dios" y una jugada individual que más tarde fue votada como el "Gol del Siglo"— que siguen siendo fundamentales en la narrativa futbolística.

El recuerdo de la "Mano de Dios" sigue siendo doloroso para muchos aficionados ingleses, mientras que los trasandinos suelen verlo como parte de una historia más amplia de rebeldía y venganza tras la Guerra de las Malvinas de 1982, en la que Reino Unido mantuvo el control del territorio insular en disputa.
Tras la victoria de Argentina sobre Inglaterra en la semifinal el miércoles, los jugadores exhibieron una pancarta en la que se leía "Las Malvinas son argentinas", en referencia a la prolongada disputa por el territorio, en aparente contravención de las normas de la FIFA que prohíben las declaraciones políticas.
EL EFECTO MESSI
Lionel Messi proporcionó a Argentina un icono diferente al de Maradona: más discreto en público, pero con mayor alcance global y mayor perdurabilidad. Ganó todos los títulos importantes a nivel de clubes con el Barcelona, convirtiéndose en el rostro de un equipo dominante, aunque ese éxito lo convirtió en blanco de las críticas de las aficiones rivales.
Su rivalidad con el portugués Cristiano Ronaldo añadió otra dimensión, dividiendo el fútbol mundial en los bandos de ambos jugadores.
Tras años de ser comparado con Maradona y de recibir críticas por no haber conseguido un título en un gran torneo para su país, Messi llevó a Argentina al título de 2022 en Qatar. Su presencia constante ha convertido a Argentina en un imán para los admiradores, incluso en países tan lejanos como India y Bangladés. Pero otros se han cansado de la narrativa centrada en Messi y de la adulación que lo rodea.
UN VECINO COMPLICADO
La imagen de Argentina en América Latina es compleja. El país se ha considerado durante mucho tiempo culturalmente distinto, moldeado por fuertes influjos europeos y una cultura futbolística que a menudo considera la victoria como prueba del excepcionalismo nacional. Esa seguridad en sí mismo a veces es admirada, pero en algunas partes de la región también alimenta el estereotipo de la arrogancia argentina.
Los aficionados de muchos países aprovechan los torneos para mostrar su orgullo nacional con tambores, banderas y cánticos, pero el fanatismo argentino puede parecer extremo en ocasiones.
Y ese nacionalismo puede derivar hacia terrenos más desagradables. Un comentarista de televisión argentino calificó este mes a los mexicanos de "detestables" y los acusó de envidiar a los argentinos "no solo en el fútbol", unos comentarios que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, tildó de "indignantes".
En los estadios, algunos aficionados siguen entonando una canción ofensiva que se burla de los orígenes africanos de muchos jugadores franceses, por la que los jugadores argentinos se disculparon en 2024 tras haberla cantado.

Otros incidentes relacionados con el racismo o los disturbios provocados por aficionados argentinos se han difundido en las redes sociales o han sido denunciados por otros seguidores.
RIVALIDADES PROFUNDAS
La rivalidad más profunda de Argentina es con Brasil, arraigada en décadas de competencia entre las dos naciones más exitosas de Sudamérica. En el Mundial de 2014, los aficionados argentinos corearon "Brasil, decime qué se siente", burlándose de los anfitriones mientras se regocijaban por el avance trasandino.
La tensión con Chile se intensificó después de que la Roja venciera a la Albiceleste en las finales de la Copa América de 2015 y 2016, ambas en la tanda de penales. Con México también han desarrollado una relación futbolística tensa, alimentada por repetidos encuentros en el Mundial y debates en las redes sociales sobre el rendimiento de ambos equipos.
El estilo de juego de Argentina —caracterizado por el virtuosismo y la astucia— puede resultar un placer para la vista, pero algunos lo consideran contrario a los ideales del juego limpio. Así, para algunos aficionados, "cualquiera menos Argentina" se ha convertido en una postura por defecto en los torneos.

