La señal nocturna que preocupa a especialistas: cada vez más personas necesitan “una copita” para dormir
Especialistas advierten que el consumo de alcohol para relajarse antes de dormir puede derivar en una dependencia silenciosa y afectar la salud mental a largo plazo.
Lunes 1 de junio de 2026
El fenómeno ocurre en medio de un complejo escenario de salud mental en Chile. Según el Termómetro de Salud Mental ACHS-UC 2025, un 8,6% de los adultos presenta insomnio moderado o severo y más de la mitad de quienes sufren trastornos del sueño también reporta síntomas depresivos.
A esto se suma otro antecedente que preocupa a especialistas: el último Estudio Nacional de Drogas de SENDA reveló que el consumo problemático de alcohol alcanzó un 10,1% de la población urbana, mientras que el uso de tranquilizantes sin receta fue el único indicador que aumentó en la medición.
En ese contexto, médicos y expertos en adicciones han detectado un aumento de personas que utilizan el alcohol como una especie de “somnífero emocional” improvisado para manejar ansiedad, estrés o agotamiento mental después del trabajo.
Para el Dr. Matías Ibáñez, médico experto en adicciones y fundador de Clínica Pellet Chile, el principal problema está en la normalización cultural de esta conducta.
“Muchas personas llegan a consulta convencidas de que su consumo no es problemático porque solo toman una copa en casa antes de dormir y jamás han tenido conflictos laborales, familiares o sociales asociados al alcohol. Sin embargo, con el tiempo comienzan a notar que ya no logran relajarse, desconectarse emocionalmente o conciliar el sueño sin beber. Ahí es donde el hábito empieza a transformarse en dependencia”, explica.
El especialista sostiene que actualmente existen múltiples casos de dependencia funcional: personas que mantienen su vida laboral y familiar activa, pero que desarrollan una necesidad progresiva de consumir alcohol para dormir o disminuir la ansiedad nocturna.
“Empezaron con una copa para dormir hace tres o cuatro años y hoy no pueden conciliar el sueño sin beber. El alcohol es un sedante del sistema nervioso central: funciona al principio, pero el organismo se adapta y pide más. Eso es dependencia, aunque ocurra en pijama y con copa de vino”, agrega.
Por qué el alcohol empeora el descanso
Aunque muchas personas creen que el alcohol ayuda a dormir porque acelera la conciliación del sueño, especialistas advierten que sus efectos sobre el descanso pueden ser contraproducentes. “El alcohol destruye las fases profundas y reparadoras del sueño. A mediano plazo genera más despertares, más ansiedad y más insomnio”, sostiene el Dr. Ibáñez.
Según advierten expertos, esto puede generar un círculo difícil de romper: mientras peor es el descanso, mayor es la necesidad de recurrir nuevamente al alcohol para dormir.
La situación preocupa especialmente en mujeres, considerando el aumento sostenido de indicadores de ansiedad e insomnio en los últimos años. “Son ellas las que están reportando niveles mucho más altos de insomnio y ansiedad. Eso también las vuelve más vulnerables a mecanismos de automedicación como el alcohol nocturno”, explica el médico.
Señales de alerta
Entre las principales señales que podrían indicar una dependencia funcional asociada al alcohol, especialistas mencionan:
- Necesidad de beber para dormir.
- Aumento progresivo de la cantidad consumida.
- Sueño poco reparador o despertares frecuentes.
- Irritabilidad o ansiedad al no consumir.
- Mezcla frecuente de alcohol con melatonina o tranquilizantes.
- Sensación de no poder desconectarse emocionalmente sin beber.
“El gran problema es que muchas dependencias actuales son invisibles. La adicción no siempre ocurre en bares; muchas veces ocurre en pijama. Y mientras más normalizado está el hábito, más difícil resulta pedir ayuda”, afirma el especialista.
Expertos coinciden en que el desafío pasa por ampliar la conversación pública sobre salud mental, sueño y consumo de alcohol, especialmente en hábitos cotidianos que suelen pasar desapercibidos.
“La conversación sobre alcoholismo ya no puede limitarse a los casos extremos. Hoy muchas dependencias comienzan en hábitos aparentemente inofensivos, socialmente aceptados y emocionalmente normalizados”, concluye.