Ataque de pánico o ansiedad: cómo reconocer sus diferencias y cuándo buscar ayuda profesional
Ante la aparición de palpitaciones, opresión torácica y mareos, muchas personas temen estar sufriendo un infarto. Especialista en psicología explica cómo distinguir estos cuadros y cuándo la ansiedad comienza a alterar la vida cotidiana.
Miércoles 29 de julio de 2026
Palpitaciones, dificultad para respirar, mareos, opresión en el pecho y una sensación inminente de que algo terrible ocurrirá. Para muchas personas, estas manifestaciones son motivo suficiente para pensar que enfrentan una emergencia médica grave. Sin embargo, en numerosos casos corresponden a un ataque de pánico, una experiencia de alta intensidad que suele confundirse con la ansiedad, pese a que la psicología identifica características muy distintas para cada una.
"La ansiedad suele aparecer de manera gradual y mantenerse durante un período más prolongado, mientras que el ataque de pánico surge de forma abrupta, alcanza su máxima intensidad en pocos minutos y genera una sensación inmediata de peligro", explica María José Jeldres, psicóloga y docente de ADIPA.
De acuerdo con la profesional, la confusión es habitual porque ambas condiciones comparten síntomas físicos que alertan a la persona. La diferencia clave radica en que, durante una crisis aguda, quien la padece puede llegar a creer que sufrirá un infarto, que dejará de respirar o que perderá completamente el control, aun cuando no exista una amenaza real para su salud. No obstante, Jeldres enfatiza que, al experimentar estos signos por primera vez, siempre es necesario realizar una evaluación médica para descartar causas orgánicas.
¿Cuándo la ansiedad deja de ser una respuesta normal?
La ansiedad es una emoción básica que ayuda a reaccionar ante los desafíos del día a día. Sin embargo, deja de ser funcional cuando comienza a limitar la autonomía y el desarrollo habitual de las actividades.
"Si alguien empieza a evitar situaciones habituales, deja de realizar actividades por miedo, presenta dificultades persistentes para dormir, mantiene una preocupación constante o ve afectado su trabajo, sus estudios o sus relaciones personales, probablemente sea momento de consultar a un profesional", señala la experta en psicología. Una interrogante clave para autoevaluarse es: ¿la ansiedad me está ayudando a enfrentar la vida o me está impidiendo vivir con normalidad?
El escenario actual favorece este tipo de cuadros en la salud mental. La sobreexposición a información, la incertidumbre económica, la comparación en redes sociales y las altas exigencias mantienen a las personas en un estado constante de anticipación. "Hoy vivimos conectados prácticamente todo el tiempo, respondiendo mensajes, pensando en pendientes y proyectándonos hacia el futuro. Además, existe una mayor conciencia sobre la salud mental, por lo que más personas reconocen sus síntomas y buscan ayuda", destaca Jeldres.
Recomendaciones durante un ataque de pánico
Intentar detener o combatir abruptamente las sensaciones físicas suele incrementar el temor y agravar la crisis. La recomendación principal es recordar que el episodio, aunque resulte muy angustiante, no pone en riesgo la vida.
Para disminuir la intensidad de un ataque de pánico, la especialista aconseja:
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Realizar respiraciones lentas y suaves.
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Buscar un lugar donde la persona se sienta segura.
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Permanecer acompañado, si es posible.
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Conectar con el presente mediante la técnica de los cinco sentidos, identificando objetos, sonidos o sensaciones del entorno.
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Repetirse frases de contención como: "Esto es ansiedad, va a pasar", considerando que la crisis alcanza un pico y luego disminuye.
La importancia de acudir a un especialista a tiempo
Postergar la atención profesional ante cuadros recurrentes puede perjudicar la calidad de vida, llevando a las personas a restringir gradualmente sus lugares de tránsito o actividades por miedo a sufrir un nuevo ataque de pánico.
La prevención no consiste en erradicar la ansiedad por completo, sino en aprender a manejarla. Hábitos como cuidar el descanso, realizar actividad física, moderar la cafeína y fortalecer las redes de apoyo ayudan a mitigar el riesgo de crisis complejas.
"Uno de los mitos más frecuentes es creer que la meta es no sentir ansiedad nunca más. La salud mental no consiste en eliminar las emociones difíciles, sino en desarrollar herramientas para relacionarnos con ellas de una forma que no limite nuestra vida", concluye la psicóloga María José Jeldres.