¿Puede la felicidad enfermar? La boda que acabó en urgencias

Todo apuntaba a un infarto. El dolor, la alteración del electrocardiograma y la urgencia hospitalaria parecían confirmarlo. Pero el corazón de una mujer de 65 años escondía un diagnóstico mucho más insólito.

TVN.cl

Deutsche Welle

Martes 21 de julio de 2026

Una mujer de 65 años, con hipertensión, diabetes tipo II y colesterol alto, acudió a la boda de su hija rebosante de felicidad. Tres días después entraba en consulta con dolor en el pecho y dificultad para respirar. Todo apuntaba a un infarto. El electrocardiograma mostraba la clásica elevación del segmento ST y los médicos no dudaron en derivarla de urgencia a un hospital terciario.

Pero algo no encajaba. La angiografía coronaria no encontró ninguna obstrucción coronaria, el hallazgo esperado en la mayoría de los infartos. En su lugar apareció algo mucho más desconcertante. El ventrículo izquierdo se había dilatado de forma anómala y había perdido buena parte de su capacidad para bombear sangre.

La resonancia magnética terminó de despejar las dudas. Como describe el caso publicado en Oxford Medical Case Reports, no había rastro de infarto ni de cicatrices en el músculo cardíaco. Aun así, la llamada fracción de eyección –un indicador de la cantidad de sangre que el corazón consigue expulsar en cada latido– había caído hasta el 35 %, una cifra preocupante que confirmaba un deterioro importante de la capacidad de bombeo del ventrículo izquierdo.

Un diagnóstico con nombre de trampa para pulpos

Lo que encontraron los médicos fue inesperado. No era un infarto, sino una miocardiopatía de takotsubo, un síndrome que puede presentar un cuadro clínico muy similar. Pero lo verdaderamente llamativo no era la enfermedad, sino el detonante. No había existido una tragedia, un duelo ni una noticia devastadora. El desencadenante había sido exactamente el contrario: la inmensa alegría de ver a su hija casarse.

Cuando el Takotsubo aparece tras una emoción negativa, como una ruptura sentimental o la pérdida de un ser querido, recibe el popular nombre de "síndrome del corazón roto". Mucho menos conocida es su versión optimista, el "síndrome del corazón feliz", provocado por una respuesta fisiológica desencadenada por emociones positivas muy intensas.

Lo de "corazón feliz", sin embargo, resulta bastante engañoso. Es casi como si alguien hubiera decidido rebautizar una avería grave con un diminutivo simpático. Solo que el corazón, a diferencia del lenguaje, no entiende de eufemismos.

Una rareza médica documentada desde 1983

Aunque pueda parecer un hallazgo reciente, el fenómeno lleva más de cuarenta años en los libros de medicina. El primer caso se describió en 1983 en el Hospital Municipal de Hiroshima. Su nombre procede de las vasijas japonesas llamadas takotsubo, utilizadas para capturar pulpos y cuya forma recuerda sorprendentemente a la del ventrículo izquierdo cuando sufre esta alteración.

En cualquier caso, a pesar de llevar décadas descrito, el síndrome sigue siendo una auténtica rareza. Según se recoge en el estudio, entre el 1 % y el 3 % de los pacientes en los que inicialmente se sospecha un infarto acaban recibiendo un diagnóstico de miocardiopatía de takotsubo. Dentro de ese grupo, la variante conocida como síndrome del corazón feliz representa apenas alrededor del 4 % de los casos descritos.

¿Por qué una alegría puede romper el corazón? 

La explicación sigue sin estar del todo clara. La principal hipótesis plantea que tanto las emociones positivas como las negativas podrían activar el sistema nervioso simpático y favorecer un aumento de catecolaminas, unas hormonas relacionadas con la respuesta del organismo al estrés, como la adrenalina y la noradrenalina. La diferencia parece residir en cómo responde el organismo a cada tipo de emoción, aunque el mecanismo exacto continúa siendo un misterio.

Esa posible diferencia también parece reflejarse en el propio corazón. Mientras el síndrome del corazón roto suele asociarse a un abombamiento en la punta del ventrículo izquierdo, la variante feliz se relaciona con más frecuencia con un abombamiento en la zona media o basal. Los estudios disponibles sugieren que los síntomas podrían ser algo más leves, aunque todavía hacen falta más datos para confirmarlo.

De hecho, esa aparente benignidad puede convertirse en un problema. Al presentarse con cuadros menos espectaculares, algunos casos podrían pasar desapercibidos o diagnosticarse de forma incorrecta, pese a tratarse de una enfermedad potencialmente mortal.

El cardiólogo John Madias, de la Facultad de Medicina Icahn de Mount Sinai, advertía a finales de 2025, en un artículo publicado en la revista BioMed y citado por Science Alert, de que médicos, pacientes y público general deberían prestar mucha más atención a este síndrome. 

Además, señalaba un dato llamativo. Mientras el síndrome del corazón roto se observa con mucha mayor frecuencia en mujeres, el síndrome del corazón feliz parece presentar una proporción relativamente mayor de hombres.

Un final feliz

Pese a todas estas particularidades, el pronóstico suele ser favorable cuando el cuadro se identifica y se trata a tiempo. En este caso, la evolución fue buena. Tras el tratamiento, la fracción de eyección de la paciente se recuperó hasta el 56 % y pudo retomar su vida con normalidad.

Según el informe, la mujer espera ahora con ilusión presenciar los próximos momentos felices de sus otros hijos, aunque probablemente esta vez los afrontará con algo más de cautela.

Felipe Espinosa Wang Periodista, autor en DW

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