Se prorroga el alto al fuego en Irán: ¿qué pasará ahora?
Por el momento, sin fijar nuevos plazos, Washington y Teherán buscan soluciones que protejan sus propios intereses. Analizamos los puntos clave y respondemos a preguntas importantes.
Deutsche Welle
Miércoles 22 de abril de 2026
A Donald Trump le gusta lanzar ultimátums, aunque luego no tengan consecuencias. A principios de abril, el presidente de EE. UU. ejerció una enorme presión sobre Irán con uno de esos plazos, para luego, poco antes de que expirara, anunciar una tregua de 14 días, que terminó sin resultados y, de nuevo, se ha prorrogado poco antes de su vencimiento.
Trump quiere ahora abstenerse de nuevos bombardeos hasta que Irán presente una nueva propuesta para resolver el conflicto y se concluyan las conversaciones al respecto. Mientras tanto, la Marina de Estados Unidos seguirá bloqueando los puertos iraníes.
Tres escenarios entre la paz y la guerra
La tregua de 14 días permitió, al menos, las primeras negociaciones directas entre ambas partes en casi una década; sin embargo, la confianza mutua no ha sido suficiente para celebrar nuevas rondas de conversaciones.
Estados Unidos insiste en un catálogo de 15 puntos, mientras que Irán se aferra a sus propias diez exigencias. Sin embargo, es poco probable que ninguna de las partes tenga interés en mantener la actual situación de incertidumbre por tiempo indefinido.
En este sentido, son concebibles otros dos escenarios totalmente diferentes: o bien ambas partes retoman las conversaciones, acercan sus posiciones y llegan finalmente a un acuerdo pacífico; o bien el tono sigue deteriorándose y la tensa situación militar en el estrecho de Ormuz se agrava, en cuyo caso también sería concebible una reanudación de los combates.
¿Cuáles son las más grandes diferencias entre EE. UU. e Irán?
Entre las 15 exigencias estadounidenses, hay dos puntos que se consideran fundamentales: Irán debe renunciar a su programa nuclear y permitir el libre paso de buques por el estrecho de Ormuz.
En lo que respecta a la cuestión nuclear, Trump no puede permitirse dar un paso atrás respecto a las concesiones del acuerdo nuclear negociado por su predecesor, Barack Obama, del que Trump se retiró unilateralmente en 2018. En aquel momento, volvió a aplicar muchas de las sanciones que habían sido suspendidas con el fin de conseguir un "mejor acuerdo". Irán habría estado dispuesto a una moratoria de cinco años, mientras que EE. UU. habría insistido en al menos 20 años sin enriquecimiento de uranio.
El segundo gran problema es más reciente que la propia guerra iniciada el 28 de febrero. Como reacción a los ataques estadounidenses e israelíes, Irán paralizó la navegación civil por el estrecho de Ormuz, tan importante para el comercio mundial. Cuando el régimen de Teherán se dio cuenta de lo eficaz que podía ser el bloqueo, planteó la posibilidad de un tipo de peaje. Un peaje resultaría económicamente atractivo para Irán y, dado que en el resto del mundo ya escasean los combustibles y otros bienes, la influencia de Teherán es enorme.
Estados Unidos no está dispuesto a aceptar el bloqueo bajo ningún concepto. A mediados de abril, el presidente Trump impuso su propio bloqueo, que se aplica a todos los buques que deseen entrar o salir de los puertos iraníes. De este modo, el acceso de Irán a las rutas comerciales se encuentra actualmente cortado. Una vuelta a la libre navegación, como antes de la guerra, tendría que estar garantizada temporalmente por una misión naval internacional.
Los problemas que subyacen a un eventual acercamiento
La guerra ha perjudicado al presidente de EE. UU. en el ámbito de la política interior: parte de su propio movimiento MAGA se ha distanciado porque Trump ha incumplido su promesa de mantener a EE. UU. al margen de prolongadas y costosas intervenciones militares en el extranjero. Las repercusiones económicas del bloqueo se notan, al igual que en el resto del mundo, y no solo en las gasolineras.
A esto hay que añadir que, dentro de poco más de seis meses, los ciudadanos estadounidenses decidirán la nueva composición del Congreso, en las elecciones de mitad de legislatura. Si los republicanos perdieran la mayoría frente a los demócratas, esto tendría graves consecuencias para Trump.
El régimen iraní, bajo el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei, quizá tenga menos prisa, pero, en la práctica, el bloqueo estadounidense también perjudica a la economía iraní. Sin embargo, esto no tiene por qué aplicarse en la misma medida a la Guardia Revolucionaria, a la que los expertos denominan ahora "un Estado dentro del Estado" y que, gracias al conflicto, ha ampliado aún más su influencia. Por lo tanto, los Guardianes de la Revolución tienen menos interés en una desescalada que los dirigentes del Estado.
Y luego hay otro factor central: Israel inició la guerra junto con EE. UU.; los objetivos bélicos del Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu difieren de los de Washington. Israel se encuentra al alcance de los misiles de su archienemigo Irán y, por lo tanto, tiene intereses de seguridad más existenciales. Además, paralelamente a los ataques aéreos contra Irán, se reavivó el conflicto con Hezbolá, aliado de Irán en el Líbano.
Entretanto, también allí rige un alto al fuego negociado por el presidente estadounidense Trump, aunque principalmente entre el Estado del Líbano e Israel. El cálculo es el siguiente: si los vecinos, que se encuentran oficialmente en guerra desde la fundación de Israel en 1948, normalizan efectivamente sus relaciones y Beirut logra, en el marco de este proceso, el desarme de Hezbolá, esto contribuirá a la seguridad de Israel. Sin embargo, no es en absoluto seguro que se alcance realmente este resultado, y este proceso de paz está estrechamente vinculado a la evolución futura de las relaciones entre Irán y EE. UU.