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Jueves 25 de junio de 2026

"Me decía, el canto y la danza no están solos", Osvaldo Cádiz y los 54 años que caminó junto a Margot Loyola

El investigador habló con Hora 25 sobre su vida junto a la gran folclorista, el método que construyeron juntos para rescatar las tradiciones musicales del país y el legado que ambos decidieron devolverle a Chile.

Camila Quintanilla Ponce

Hay casas que respiran. La de Osvaldo Cádiz es una de ellas. En cada rincón, en cada objeto, en cada partitura guardada como reliquia, late el pulso profundo de la música y el folclor chileno. Fue en ese espacio íntimo donde entramos para visitar al investigador, bailarín y compañero de vida de Margot Loyola, una de las figuras más trascendentes de la cultura popular chilena.

La entrevista, conducida por Blanca Lewin, recorre la vida de Cádiz desde sus años de infancia en San Fernando, en la provincia de Colchagua, hasta los 54 años que compartió junto a Loyola recorriendo cada rincón del territorio nacional en busca de bailes, cantos e identidades que el tiempo amenazaba con silenciar.

De los circos de San Fernando al rock and roll

Osvaldo Cádiz nació en la calle Negrete 650 de San Fernando, en una casa grande con árboles frutales donde su madre era una suerte de líder comunitaria y su padre, secretario municipal. Desde niño, el espectáculo lo llamó con fuerza. Los circos que llegaban al pueblo lo tenían como espectador fijo, y a veces como invitado involuntario de los payasos, que ya lo reconocían como "el pariente".

Esa fascinación por el movimiento y el ritmo lo llevó, siendo adolescente, a emprender un viaje improbable: viajar solo a Santiago para ver Rock Around the Clock, la película que trajo el rock and roll a Chile. Se instaló en una casa de retiro de la Juventud Católica en calle Moneda y pasó dos días completos en el Cine Real, viendo la misma película en sesiones rotativas hasta aprenderse los pasos de memoria. "No me preguntes cómo lo logré, pero conseguí dinero y me vine", recuerda entre risas.

Una carta ganada, una profesora llamada Margot

Cuando se instaló en Santiago para estudiar en la universidad, Cádiz escuchó en Radio Chilena el programa Club del Rocanrol de Antonio Contreras. En ese entonces, los llamados "coléricos", jóvenes que bailaban rock con sus jeans y zapatos de punta, eran acusados en la prensa de estar "matando la cueca". Contreras organizó un concurso para sortear cursos de danza folclórica. Cádiz mandó tres cartas, bajo tres de sus nombres. Con el nombre de Adolfo Cádiz, y pasó lo impensado: ganó.

"Para mí fue descubrir un mundo del cual yo venía, pero que no había visto", dice Osvaldo sobre esas primeras clases. 

La danza folclórica era parte de su vida cotidiana en Colchagua, pero Loyola le reveló el trasfondo: la cosmovisión, el comportamiento social, todo aquello que hace que una comunidad cante y baile de la manera en que lo hace. Pidió seguir estudiando con ella. Ella aceptó.

Lo que comenzó como una relación de alumno y maestra se fue transformando, sin que ninguno de los dos lo planificara. Cuando le preguntan en qué momento cruzó esa frontera, Osvaldo cita a Margot:

"Fue como la gota sobre la piedra, que fue cayendo y no nos dimos cuenta cómo se fue transformando en un riachuelo y después en un río".

No fue sencillo. Había veinte años de diferencia entre ellos. Margot era una figura reconocida en el mundo académico y cultural; él, un estudiante. "No iba a ser bien visto", admite con honestidad. Pero las cosas se dieron, y así permanecieron juntos por 54 años.

Foto: Margot Loyola, parte del archivo personal de Osvaldo Cádiz. 

El método Loyola-Cádiz y el Chile profundo

Uno de los momentos más reveladores del reportaje es cuando Osvaldo recuerda su primer viaje de investigación junto a Margot, a Chiloé. Esperaba ver a su maestra tomando notas sobre danzas y cantos. En cambio, la vio vivir con las familias de las comunidades. Margot andaba con las mujeres, él salía a pescar con los hombres. Días pasaron antes de que hablaran de folclor directamente.

"Me decía, el canto y la danza no están solos. Hay un comportamiento, una cosmovisión, algo detrás que mueve a esa gente para que cante y baile así", recuerda Osvaldo.

Ese modo de investigar desde adentro, desde la vida cotidiana de las comunidades, es lo que hoy se conoce en algunos centros académicos como el método Loyola-Cádiz.

Entre las sorpresas que Blanca saca de una "cajita de los recuerdos" durante la entrevista, aparece la partitura de “Qué he sacado con quererte", de Violeta Parra. Osvaldo y Margot la visitaban con frecuencia. Fue Violeta quien les pidió ayuda para encontrar un intérprete de trutruca que acompañara esa canción. "Negro, les voy a hacer escuchar uno de los últimos temas que he compuesto", les decía. Esa canción quedó enlazada para siempre a la historia de ambos.

"De esas dos mujeres que fueron extraordinarias", dice Osvaldo, con la economía de palabras que tienen quienes han vivido demasiado como para exagerar.

Un legado que sigue vivo

En el cierre del reportaje, Osvaldo repasa a quienes considera herederos del trabajo de Margot: la cantante Andrea Andreu, Natalia Contesse, Paola Lucero y el músico Gepe, cuyo disco “Folclor Imaginario”, Loyola celebraba con entusiasmo. "Este es un muchacho con tanto talento, tiene tanto que decir", le decía Margot. No se equivocó.

En la parte final, Osvaldo escribe una carta breve para las generaciones que vendrán, y bailando cueca junto a Blanca en el living de su casa. El mismo living que respira folclor. El mismo Osvaldo que a los 8 años entraba a la pista con los payasos, y que décadas después entendió que la pista más importante era la de Chile entero.

La historia completa de Osvaldo Cádiz, sus recuerdos junto a Margot Loyola y el Chile profundo que ambos recorrieron está disponible en el perfil realizado por Camilo Morales, Bárbara González y Blanca Lewin para Hora 25.

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