Soñé que todos éramos artistas
Anoche tuve un sueño inesperado. Jamás antes imaginé lo que ahí pude ver.
Soñé que todos éramos artistas, cada habitante de este mundo había encontrado su vocación en alguna expresión artística y todos decidieron seguirla. Nadie tuvo miedo de hacer lo que amaba. Algunos eran bailarines, otros actores, otros artistas circenses. Distintos caminos, pero con algo en común: vivir haciendo eso para lo que habían nacido.
En el sueño, la vida en las calles era completamente distinta a lo que conocemos. Las plazas eran escenarios abiertos llenos de gente esperando a ver una obra de teatro, mientras en la cuadra siguiente se estaba presentando un número de danza con innumerables bailarines. Nadie tenía vergüenza de expresarse.
Sin embargo, fue el circo lo más sorprendente. En ese mundo, los artistas circenses eran profundamente admirados por sus grandes habilidades y también por lo que representaban. Era como si cada acrobacia fuese una lección de perseverancia. El equilibrio en la cuerda floja nos mostraba valentía. Y cada salto al vacío hablaba de confiar en uno mismo.
El arte allí era comprendido y valorado. La gente lograba escucharse, como si este contexto artístico les hubiera enseñado a ponerse en el lugar del otro, entender otras realidades y reconocer en cada persona el protagonista de una historia. Una historia única. Sin comparar su talento con el de otro porque no estaban sometidos a ningún tipo de competencia, ni por espacios ni por dinero.
En ese mundo, no se les preguntaba a los niños a qué se van a dedicar cuando sean grandes para ganarse la vida. Se les preguntaba qué era lo que los hacía sentir vivos. Mientras los adultos eran una guía para que pudieran descubrirlo. Nadie crecía pensando que los sueños eran solo una ilusión. Al contrario, eran el camino a seguir. Y la vocación era un tesoro que se cuidaba.
Desperté pensando en que ese era un lugar más feliz. Las personas se levantaban cada día con un propósito que mantenía viva la ilusión de ser quien deseaban ser. Donde un mundo en el que el arte importe sí existía. Donde todas las obras de teatro, danzas y números circenses sí fueron posibles.
Después de ese sueño pienso que cuando una persona abandona su vocación, el mundo pierde una obra que nunca llegará a existir. Entonces me pregunto ¿Cuánto arte hemos perdido por no poder seguir la vocación?
