Perros de cráneo corto (braquicéfalos), una cara muy plana, fosas nasales colapsadas y un físico regordete se asocian con dificultades respiratorias y, entre ellos, los pequinés y los chin japoneses tienen un riesgo especialmente alto.
Los pugs, los bulldogs franceses y los bulldogs son conocidos por su braquicefalia, pero una nueva investigación ha analizado otras 14 razas, para entender cómo les afecta el síndrome obstructivo de las vías respiratorias braquicefálicas (BOAS), que causa sibilancias, dificultad para respirar e intolerancia al ejercicio y puede requerir tratamiento quirúrgico.
Un equipo encabezado por la Universidad de Cambridge (Reino Unido) recopiló datos de 898 perros de 14 razas, de las que doce vieron que presentaban algún nivel detectable de anomalía respiratoria.
Los investigadores midieron los cráneos, narices, cuerpos y cuellos de los animales, y los examinaron en busca de síntomas de BOAS para clasificarlos en una escala de cero a tres, desde pocos síntomas a dificultades para hacer ejercicio y respirar.
El equipo evaluó la respiración de los perros antes y después de una prueba de esfuerzo de 3 minutos, calificando cualquier ruido respiratorio superior y signos de dificultad o malestar.
Los resultados indicaron que el 89 % de los pequinés y el 82 % de los chin japoneses estaban afectados, lo que supone porcentajes comparables a los de los carlinos, los bulldogs franceses y los bulldogs.
Cinco razas tenían un riesgo moderado de padecer BOAS: el king charles spaniel, el shih tzu, el griffon de Bruselas, el boston terrier y el dogo de Burdeos, con entre la mitad y las tres cuartas partes de los perros estudiados afectados.
Los staffordshire bull terriers, cavalier king charles spaniel, chihuahua, boxer y affenpinscher presentaban un riesgo medio, ya que solo la mitad tenía algún grado de respiración ruidosa y unos pocos presentaban una enfermedad clínicamente significativa.
En el caso de los Pomerania o Maltés estudiados ninguno presentaba síntomas clínicos.
El estudio que publica Plos One indica que el BOAS varía considerablemente, en prevalencia y gravedad, entre las razas de perros de cara plana, pero también dentro de cada raza.
Aunque los perros con cabezas más anchas y cortas, es decir, aquellos con una proporción craneofacial menor, eran más propensos a tener BOAS, la relación entre la longitud relativa del hocico y el riesgo de padecerla es más compleja de lo que se suele suponer, aseguró David Sargan, uno de los firmantes del artículo.
Así, el king charles spaniel es una raza de cara extremadamente plana, por lo que cabría esperar que se encontrara en un grupo de mayor riesgo; sin embargo, el 40 % de los animales evaluados no estaba afectado.
Los autores consideran que, al comprender las diferencias e identificar los factores de riesgo claves, se puede avanzar hacia estrategias más específicas y eficaces para mejorar el bienestar del animal.
Además, conocer mejor las características que favorecen la aparición del BOAS puede servir para garantizar que estas no se recompensan en las exposiciones, ayudar a los criadores a intentar eliminar esos rasgos y orientar a los criadores y futuros propietarios de perros hacia razas que puedan respirar con mayor facilidad.
Las mejoras a largo plazo en el bienestar de los perros "dependen de la combinación de la evidencia científica con el compromiso de los criadores y propietarios que se preocupan profundamente por sus perros", indica el estudio.