Se quieren, llevan años de relación, planean vacaciones y hasta comparten mascotas juntos. Pero a las 11 de la noche, cada uno se va a su pieza.
¿Crisis matrimonial?
Todo lo contrario: se llama sleep divorce -o divorcio del sueño- y es la tendencia que lleva a cada vez más parejas a dormir separadas para proteger algo tan valioso como la relación misma: el descanso.
Lejos de verse como una crisis, dormir separados se está transformando en una decisión práctica, especialmente entre los millennials. Una encuesta de la Academia Americana de Medicina del Sueño mostró que un 43% de ellos ya recurre ocasional o habitualmente a esta práctica, casi el doble que los baby boomers (22%).
Y el fenómeno también asoma en Chile, aunque de una forma menos drástica: en la tienda. Según estimaciones de CIC, entre el 25% y el 40% de las parejas que llegan a comprar un colchón nuevo no se pone de acuerdo en la firmeza: uno lo quiere suave, el otro más firme. "Es algo que vemos todos los días, y habla justamente de esto: cada persona duerme distinto", comenta Marcelo Sepúlveda, Jefe de Producto y Colchones de CIC.
Los motivos son variados: ronquidos, movimientos constantes durante la noche, la eterna disputa por las sábanas o cubrecamas u horarios incompatibles. El resultado es el mismo: sueño interrumpido, mal ánimo al día siguiente y roces que tienen menos que ver con la relación y más con el cansancio acumulado. Y dormir mal de forma sostenida pasa la cuenta: afecta la memoria, el estado de ánimo y las defensas.
El verdadero responsable puede estar bajo las sábanas
Pero antes de repartir las piezas de la casa, los expertos recomiendan mirar hacia abajo. Literalmente. Porque muchas veces el problema no es la pareja: es el colchón.
"Un colchón muy suave, muy pequeño o con más de 10 años de uso transmite cada movimiento de un lado a otro de la cama, y basta que una persona se dé vuelta para que la otra despierte. Hoy existen soluciones pensadas justamente para las parejas: formatos King, Súper King y Mega King (3x2 metros) que entregan más espacio, tecnologías de resortes independientes que absorben el movimiento, e incluso colchones con distinta firmeza en cada lado, para que cada uno duerma como necesita", agrega Sepúlveda.
Y hay una tercera en discordia de la que nadie sospecha: la almohada. Una mal elegida desalinea el cuello, provoca dolores e intensifica los ronquidos. La regla es simple: quienes duermen de lado necesitan una almohada alta y firme; boca arriba, de altura media; y boca abajo, más baja y blanda. Es decir, ese "divorcio" quizás se solucionaba con un cambio de almohada.
¿Y si la pareja ya duerme separada... y le funciona?
No hay nada de malo en ello. Los especialistas coinciden en que, cuando la decisión es compartida y busca mejorar la calidad del descanso, dormir en habitaciones separadas no es una señal de quiebre, sino una alternativa válida para cuidar el bienestar de ambos. Y de paso, cada uno puede elegir colchón y almohada a su medida, sin negociar con nadie.
Porque al final del día -nunca mejor dicho-, a veces la mejor terapia de pareja no está en una consulta, sino en una mejor solución de descanso

