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Chimpancés llevan años lanzando piedras contra los mismos árboles

Una y otra vez, durante más de una década, chimpancés de Guinea-Bissau han lanzado piedras contra los mismos árboles. Nadie ha logrado explicar todavía qué significa este comportamiento.

TVN.cl

Chimpancés llevan años lanzando piedras contra los mismos árboles

Miércoles 19 de agosto de 2026

En el Parque Nacional de Boé, en Guinea-Bissau, hay árboles que cuentan una historia sin decir una palabra. Sus troncos están cubiertos de cicatrices y en la base se amontonan piedras, como si sucesivos visitantes hubieran dejado allí una ofrenda.

Y no, no son restos dejados por personas. Son el resultado de una conducta que algunos grupos de chimpancés repiten desde hace años. Los animales, generalmente machos adultos, toman una piedra, la lanzan contra un árbol concreto y, en ocasiones, regresan una y otra vez al mismo lugar. La gran pregunta sigue abierta. ¿Qué significa este comportamiento?

La conducta se llama lanzamiento acumulativo de piedras y lleva años intrigando a los primatólogos. Un macho adulto se acerca al árbol, suelta un grito potente –un "hoot" una vocalización potente que puede propagarse a gran distancia– y estrella una piedra contra el tronco. A veces también golpea el árbol con manos y pies, en lo que se conoce como "buttress drumming" o tamborileo sobre contrafuertes. El resultado, con el tiempo, es una acumulación de piedras alrededor de algunos de estos árboles.

El misterio de las piedras

Lo llamativo es que esta conducta no aparece en cualquier parte. Hasta ahora solo se ha documentado en cuatro grupos de chimpancés de África Occidental. Ya en 2016, las observaciones realizadas en Guinea, Guinea-Bissau, Liberia y Costa de Marfil despertaron la atención de los investigadores, mientras que equipos situados más al este no encontraron un comportamiento similar. 

Investigaciones posteriores han mostrado que la mera disponibilidad de árboles y piedras no basta para explicar dónde aparece esta conducta. Aquello abrió distintas posibilidades, desde una función comunicativa —quizá relacionada con la territorialidad— hasta una posible dimensión ritual.

Esta última hipótesis fue precisamente una de las más provocadoras de aquellos primeros estudios. Una investigación publicada en Scientific Reports en 2016 planteó, entre otras interpretaciones posibles, que estas acumulaciones de piedras tuvieran una dimensión ritual, a partir de su parecido con montones de piedras que algunos pueblos indígenas de África Occidental forman junto a "árboles sagrados". La comparación, sin embargo, no demostraba que los chimpancés estuvieran creando santuarios ni que ambas conductas tuvieran el mismo significado. 

La psicóloga Laurie Santos, de Yale, que no participó en el estudio, resumía entonces para New Scientist la cautela necesaria: podía hablarse de un posible proto-ritual, pero todavía no estaba claro cómo interpretar el comportamiento.

El sonido de los árboles

A esa incógnita se añadió después otra pista. ¿Por qué esos árboles y no otros? Un equipo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva investigó si la elección podía estar relacionada con el sonido. 

Para comprobarlo, los propios científicos salieron a lanzar piedras y, en colaboración con el laboratorio PRISM de la Universidad de Aix-Marsella, compararon 125 grabaciones de impactos contra distintos árboles. Los ejemplares elegidos habitualmente por los chimpancés producían sonidos de frecuencias más graves y con un "tiempo de ataque" más prolongado. Muchos contaban además con grandes raíces de contrafuerte, una característica que podía contribuir a amplificar el sonido y favorecer que se propagara a mayor distancia.

Los resultados, publicados en 2019 en Biology Letters, aportaron apoyo a la hipótesis de que estos sonidos puedan desempeñar una función en la comunicación a distancia. Ammie Kalan, autora principal de aquel trabajo, se resistía, además, a explicarlo como un simple juego. "El comportamiento lúdico es un poco menos estructurado, más improvisado", explicó entonces a la revista Science

Las piedras tampoco se emplean aquí para conseguir alimento, como ocurre cuando otros primates utilizan herramientas para acceder a comida, sino en un contexto social.

Con los años, otros trabajos han aportado nuevas pistas sobre comportamientos relacionados con el uso de piedras para producir sonidos. En 2025, un estudio de la Universidad de Wageningen y el Centro Alemán de Investigación sobre Primates, publicado también en Biology Letters tras cinco años de trabajo de campo en Guinea-Bissau, describió una conducta que sus autores denominan "tamborileo asistido por piedras". 

En ella, chimpancés machos adultos golpean repetidamente los troncos de determinados árboles con piedras, un comportamiento que los investigadores relacionan con el tamborileo tradicional realizado con manos y pies.

Según su autora principal, Sem van Loon, este comportamiento presenta, sin embargo, algunas diferencias respecto al tamborileo tradicional. Los chimpancés suelen emitir fuertes gritos antes de utilizar las piedras y después permanecen en silencio, mientras que en el tamborileo convencional la secuencia suele producirse al revés.

Los investigadores plantean que los sonidos graves generados por los impactos podrían alcanzar mayores distancias y resultar especialmente útiles en zonas de bosque denso.

Según los científicos, las observaciones aportaron además indicios de aprendizaje social: los chimpancés jóvenes adoptaban este "tamborileo asistido por piedras" de miembros mayores del grupo, algo que interpretan como una señal de transmisión cultural.

La posibilidad de que este tipo de conducta se transmita socialmente da al fenómeno una dimensión que va más allá de la curiosidad científica. Para Marc Naguib, catedrático de Ecología del Comportamiento, comportamientos como este muestran que la cultura no es exclusiva de los seres humanos y que también debería tenerse en cuenta a la hora de conservar la naturaleza.

Nuevas pistas desde Boé

Diez años después de aquellas primeras observaciones, sin embargo, el significado del gesto sigue sin estar cerrado. Robyn Nakano y Ammie Kalan, de la Universidad de Victoria, acaban de regresar de Boé con nuevos datos que esperan utilizar para entender mejor qué función cumple este comportamiento.

Según contaron recientemente en The Conversation, recorrieron 22 kilómetros en bicicleta y a pie desde Béli hasta la zona donde instalaron su campamento. Al volver sobre el terreno, el equipo encontró actividad reciente en buena parte de los puntos que habían sido localizados años atrás por el Programa Panafricano y que ellos mismos habían vuelto a examinar en 2017. Todo indica, por tanto, que algunos de estos lugares pueden seguir siendo utilizados durante más de una década.

Esa persistencia hace todavía más importante saber qué ocurre alrededor de los árboles. La observación directa a pie resulta difícil en Boé, porque estos chimpancés no están habituados a la presencia humana. Por eso, el equipo ha recurrido a cámaras trampa y equipos de grabación colocados en los lugares donde aparece esta conducta.

Con ese material podrán reconstruir mejor lo que sucede en cada episodio: la edad y el sexo tanto de quien realiza el lanzamiento como de otros chimpancés presentes, y si estos reaccionan a la acción. La intención es entender mejor el contexto social del comportamiento y acercarse, finalmente, a su significado.

Un patrimonio en peligro

Por ahora, la prudencia sigue siendo necesaria. Sabemos que se trata de una conducta poco común, que algunos lugares pueden mantenerse en uso durante años y que distintas evidencias apoyan la posibilidad de que exista un componente cultural, pero todavía no sabemos qué significa para los propios chimpancés.

Y resolver el misterio no es solo una cuestión científica. El paisaje en el que viven estos chimpancés también afronta la presión de la actividad extractiva. Durante su trabajo de campo, Nakano y Kalan encontraron sondeos realizados como parte de la exploración de bauxita. 

Como explican en The Conversation, la explotación de este mineral representa una oportunidad de crecimiento económico para Guinea-Bissau, pero también implica riesgos de pérdida de hábitat y contaminación que pueden afectar tanto a la fauna como a las comunidades locales. 

Así, lo que está en peligro no son únicamente los chimpancés, sino también comportamientos que pueden desaparecer con ellos. Los árboles golpeados y sus montones de piedras son, por ahora, las huellas de un comportamiento cuyo significado todavía desconocemos. Conservarla quizá sea la única manera de que algún día podamos entender qué función cumplen estos extraños encuentros entre piedras, árboles y chimpancés.