La Agencia Federal de Emergencias de Argentina (AFE) dio a conocer que aún se mantiene un amplio despliegue operativo frente a múltiples incendios forestales que se encuentran activos en la Patagonia transandina, principalmente en la provincia de Chubut.
Según consignó La Tercera, hasta ahora se contabilizan más de 15 mil hectáreas afectadas por el fuego que se propagó a comienzos de la semana pasada. Además, el humo ya ha llegado hasta el extremo norte de la península del territorio chileno Antártico.
De acuerdo a Raúl Cordero, climatólogo y académico de la U. de Santiago, no es habitual que el humo alcance la Antártica. Para que ello ocurra, deben coincidir al menos dos condiciones poco comunes: incendios de gran intensidad —capaces de elevar el humo a varios kilómetros de altura— y una configuración atmosférica que dirija los vientos hacia el sureste. “Es un fenómeno episódico y relativamente raro”, señala.
La detección se realizó desde la estación de monitoreo ubicada en la isla Rey Jorge, en el extremo norte de la península antártica, donde los instrumentos registraron una masa de aire con presencia de material particulado asociada a humo.
La señal no solo apareció en los sensores, sino que el fenómeno fue visible a simple vista a través de un atardecer inusualmente rojizo en uno de los ambientes más limpios del planeta. “En la Antártica los atardeceres normalmente no son rojos. Cuando lo son, es porque llegaron partículas desde otro continente, como polvo o humo”, explica Cordero.
El humo transporta carbono negro —hollín—, un material particulado microscópico que, al depositarse sobre la nieve o el hielo, reduce su reflectividad. Este oscurecimiento hace que la superficie absorba más radiación solar, acelerando el derretimiento.
Pese a que las concentraciones que llegan a la Antártica suelen ser bajas, los modelos climáticos permiten estimar su impacto acumulado. En un evento como este, señala Cordero, el efecto podría traducirse en la pérdida de varios millones de toneladas de hielo.
El científico subraya que estos episodios no son la principal causa del retroceso en la zona. “La Antártica pierde cientos de miles de millones de toneladas de hielo cada año, y la razón dominante es el calentamiento global”, afirma. Las intrusiones de humo, polvo o aire cálido representan un factor adicional, cuya contribución exacta aún no está completamente cuantificada.