Amnistía Internacional reporta que en Corea del Norte se aplican sanciones severas a quienes consumen contenido surcoreano, incluyendo la serie El Juego del Calamar y música K-pop.
Testimonios de norcoreanos que escaparon del país describen un clima de miedo donde acceder a cultura extranjera puede significar prisión o incluso ejecuciones públicas.
Según los relatos recopilados, los castigos dependen del estatus económico y la posibilidad de sobornos, y varían desde trabajos forzados de varios años hasta ejecuciones.
La Ley de Pensamiento y Cultura Antirreaccionario de 2020 clasifica la cultura surcoreana como “ideología corrupta” y establece sanciones estrictas por consumir o poseer series, películas o música provenientes de Corea del Sur.

El régimen de Kim Jong-un supervisa directamente estas políticas, consolidando un control absoluto sobre la información y el entretenimiento que circula en el país. Bajo su liderazgo, el consumo de cultura extranjera es considerado una amenaza al “sentido revolucionario” de la población, y se aplican castigos ejemplares para disuadir cualquier violación.
Además, los testimonios mencionan al llamado “Grupo 109”, unidad de seguridad que realiza registros en domicilios y revisiones en las calles para detectar contenido prohibido.
La denuncia de Amnistía Internacional advierte que incluso estudiantes de secundaria habrían sido llevados a actos públicos para mostrar las consecuencias de consumir entretenimiento extranjero, destacando la gravedad de la represión cultural en el país.