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Jueves 27 de agosto de 2026

Luis Poirot a sus 85 años: “La fotografía no es una profesión, es una manera de entender la vida”

Durante más de seis décadas, el fotógrafo chileno ha retratado la cultura, la política y la memoria viva del país. En conversación con Hora 25 repasó su trayectoria, sus inicios en el teatro con Víctor Jara, su rol de testigo junto a Salvador Allende, la tensión al fotografiar a Augusto Pinochet y la carrera contra el tiempo para salvar su archivo del olvido.

TVN.cl

Presidentes, actores, escritores y ciudadanos comunes han pasado ante el lente de Luis Poirot. Su archivo fotográfico conserva y atesora las transformaciones políticas, sociales y culturales más profundas de Chile en los últimos 60 años. Para Poirot, apretar el obturador va mucho más allá de una técnica: es un acto de resistencia frente a la amnesia colectiva.

"Soy Luis Poirot, fotógrafo desde 1963. Tengo más de 60 años de oficio, que me apasiona y me sigue apasionando. Yo digo que la fotografía no es un oficio, no es una profesión: es una manera de entender la vida". 

Antes de mirar el mundo a través de una cámara, Poirot intentó comprenderlo desde el escenario. Estudió en la Universidad de Chile donde conoció al cantautor y director Víctor Jara, con quien trabajó como su ayudante de dirección. Fue en ese entorno teatral donde descubrió que también podía narrar desde el silencio y la fuerza de una imagen fija.

"La fotografía me pareció más cercana a mi carácter, a mi personalidad: solitario, trabajar solo. (...) Empecé a fotografiar los ensayos de teatro de mis amigos del Teatro Ictus. Ellos me empezaron a pedir más fotos y, sin pensar cómo, fui haciendo la transición y convirtiéndome en fotógrafo profesional". 

Sin contar con un estudio fotográfico, luces complejas ni trípode, el fotógrafo sacó a los actores fuera del escenario tradicional, convirtiendo la calle en su espacio natural de trabajo. Lo que comenzó como una limitación técnica terminó dando forma a una estética personal inconfundible.

Pero para Poirot, fotografiar a alguien no garantiza haber logrado un verdadero retrato. Hay imágenes que exigen años para revelar su sentido profundo; otras, por respeto o convicción ética, simplemente nunca deben ser mostradas al público.

La fotografía como prueba de existencia y memoria colectiva

Durante la Unidad Popular, Poirot no ejerció como fotógrafo oficial ni ocupó cargos gubernamentales, pero su participación voluntaria en la campaña de Salvador Allende le abrió las puertas del Palacio de La Moneda, permitiéndole registrar desde la cercanía un proceso histórico.

"Yo hago un trabajo que es de memoria. Yo quiero hacer la memoria de la cultura, de la sociedad, de la política chilena…Fui llegando, por Allende y la época de la Unidad Popular, a hacer memoria, dejar memoria de algo que se puede perder o desaparecer". 

"Yo entraba y salía por La Moneda como Pedro por su casa y podía fotografiar todo. Yo creo que Allende, de alguna manera, me tomó como testigo, testigo del proceso, de lo que estaba pasando... Él me asignó un rol de testigo". 

Años después, la cámara de Poirot volvió a La Moneda, pero frente a la contraparte de aquella historia. Durante una pauta periodística para una revista, asistió junto al fotógrafo Miguel Etchepare para retratar a Augusto Pinochet, con la determinación de confrontar la imagen calculada que construía el régimen.

"Y primero empezó Miguel, sacó un rollo (...) Me di cuenta de que ponía la misma cara que le habían enseñado los asesores, de abuelito bondadoso. (...) Me acerqué muy cerca y le dije: 'Míreme'. Levantó la cara, se levantó, gruñó, se dio vuelta y se fue. Alcancé a hacer dos fotos. (...) Yo no le iba a comprar la imagen que él me estaba vendiendo". 

"Yo sentí detrás de ese personaje toda la violencia y la crueldad que podía haber". 

La carrera contra el tiempo para conservar su archivo

El archivo de Luis Poirot alberga miles de imágenes, que solo en el ámbito teatral conserva más de 11 mil negativos. No obstante, preservar este patrimonio implica un reto urgente que va más allá de la simple digitalización: catalogar e identificar a las personas y contextos antes de que la memoria física o biológica falle.

"Una de las tareas pendientes que tengo es ordenar ese archivo, digitalizarlo para conservarlo y, sobre todo, informarlo, porque en este momento es un archivo que puedo leer yo. Pero si mañana me despierto y no tengo memoria, no se sabe".

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