Cuando el talento se mide en seguidores
Ser artista escénico está ligado a lo presencial: el escenario, el público y el fenómeno que se produce cuando una persona interpreta y otra observa. Sin embargo, con la llegada de las redes sociales, muchos artistas se vieron empujados a salir de ese espacio como el único lugar posible y adaptarse a una nueva realidad. Pareciera que ya no basta solo con talento, preparación y experiencia; hoy también es necesario saber cómo mostrar ese talento en las redes sociales y construir un perfil que les permita ser vistos.
Así es como las redes sociales se están convirtiendo en una plataforma fundamental para dar a conocer su trabajo. Instagram, TikTok, YouTube y otras plataformas permiten compartir una escena, una coreografía o una canción, llegando a personas que no tenían idea que eso estaba pasando o que quizás nunca podrían asistir a una función. De esta manera, la tecnología abrió una puerta para artistas que quieran ampliar su público y generar nuevas oportunidades.
Pero, ¿todos los artistas escénicos quieren seguir esta línea de producción? Esta adaptación no es solamente a una necesidad de difusión. También tiene relación con las propias exigencias de la industria. En algunos castings y procesos de selección, el alcance que tiene un artista en redes sociales puede convertirse en un elemento considerado por productores o proyectos que buscan asegurar una audiencia. Es decir, el número de seguidores, las visualizaciones o la capacidad de convocar público pueden llegar a pesar junto con el talento y la experiencia. Entonces, estar presentes en redes ya no es solo una opción, sino una herramienta para mantenerse competitivos y acceder a nuevas oportunidades laborales.
De pronto, también debe aprender a grabar, editar y publicar material que logre un buen alcance. Que además tenga buena calidad para no ser desplazado por el algoritmo y medir su alcance en números. Ya no solo importa qué tan bien actúa, baila o canta, sino cuántas personas están mirando, compartiendo o siguiendo lo que hace.
Todo este fenómeno para muchos ha sido un camino rápido de llegar al éxito, llenando teatros, generando comunidades que siguen y apoyan su trabajo, incluso incentivando con campañas y hashtags la participación de sus artistas favoritos en ciertos espectáculos. El problema aparece cuando el alcance comienza a confundirse con el talento. Tener miles de seguidores no significa necesariamente ser el mejor intérprete, así como tener una comunidad pequeña no significa tener menos capacidades artísticas.
El desafío está en encontrar el equilibrio. Las redes pueden ser una herramienta increíble para que un artista sea descubierto, consiga oportunidades y llegue a públicos que antes estaban fuera de su alcance. Pero no deberían convertirse en el único parámetro para valorar su trabajo. El arte escénico tiene una dimensión humana que necesita el encuentro: los cuerpos presentes y la reacción compartida.
