¿Qué pasa con las mascotas tras un divorcio? Las claves para entender el panorama legal en Chile
Mientras en México un tribunal ordenó fijar una pensión de alimentos para un perro tras la separación de sus dueños, en Chile los animales siguen siendo considerados bienes y no existe una regulación específica sobre su cuidado o manutención.
Martes 11 de agosto de 2026
Divorciarse no solo implica repartir bienes, cerrar cuentas o definir qué ocurrirá con la vivienda. Para un número creciente de parejas hay una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿qué pasa con las mascotas? En Chile, perros y gatos siguen siendo considerados legalmente como bienes, pese a que para millones de familias son parte fundamental del hogar.
El debate cobró fuerza tras un caso inédito ocurrido en México. Un tribunal del estado de Tabasco ordenó que un hombre pagara una pensión mensual para la manutención de Lucas, un husky siberiano de tres años, tras la separación de sus dueños. La resolución estableció además que debía contribuir a los gastos veterinarios del animal y consideró el vínculo que Lucas mantenía con ambos integrantes de la familia.
“La legislación chilena no tiene ningún tipo de regulación normativa al respecto”, explica Eduardo Lara, abogado del Estudio Jurídico Alfaro y Madariaga (EJAM). El especialista advierte que hoy existen importantes vacíos cuando una pareja se divorcia y debe definir qué ocurrirá con la mascota que tienen en común.
Acuerdos entre las partes: la vía disponible hoy
Ante la ausencia de una norma específica, los tribunales pueden recurrir a criterios derivados de la Ley de Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía (“Ley Cholito”). Uno de los principales elementos para determinar la propiedad del animal es su inscripción y el microchip registrado a nombre de una de las personas.
“Las parejas efectivamente podrían llegar a un acuerdo, porque si bien no está reglado normativamente, tampoco está prohibido; por lo tanto, se puede formalizar a través de un acuerdo extrajudicial en una Notaría”, señala Lara.
Ese pacto podría establecer, por ejemplo, quién quedará a cargo del animal, cómo se repartirán los gastos de alimentación y atención veterinaria e incluso ciertas condiciones para mantener el contacto con la mascota. En caso de incumplimiento, el abogado explica que podrían ejercerse acciones civiles para exigir el cumplimiento de lo pactado.
Un vacío que la legislación aún no resuelve
El problema de fondo, según plantea el experto, es que la legislación todavía aborda a estos animales principalmente desde una perspectiva patrimonial. “Chile debería avanzar en materia legislativa respecto de la regulación del cuidado de los 'nuevos hijos', las mascotas, ya que hoy son muy relevantes en la vida familiar”, sostiene.
La discusión no es menor. Durante una separación, mientras los adultos deciden cómo dividir su patrimonio, las mascotas pueden quedar en medio del conflicto sin que exista un criterio legal claro que determine qué alternativa resulta más adecuada para su bienestar físico y emocional.
Avanzar hacia una regulación específica, agrega el abogado de EJAM, también exige considerar la capacidad del sistema judicial. “Hay que inyectar recursos a los tribunales de familia del país, que ya se encuentran con una fuerte sobrecarga laboral o mejor aún, preferir por sobre estos los Juzgados de Policía Local de cada comuna para que resuelvan estos conflictos”, advierte.
Así, mientras países como México comienzan a abrir la puerta a considerar el bienestar de las mascotas dentro de los procesos de divorcio, en Chile la determinación sigue dependiendo principalmente de quién aparece como propietario y de los acuerdos que puedan alcanzar las partes. Una realidad que contrasta con la forma en que muchas familias entienden hoy el vínculo con sus animales.