El coleccionismo infantil vuelve a potenciar la creatividad y las habilidades sociales
Intercambiar personajes, completar colecciones e inventar historias son prácticas que viven un renovado impulso entre los niños.
Martes 18 de agosto de 2026
Intercambiar personajes en el recreo, buscar la figura que falta o crear nuevas aventuras con una colección son escenas que hoy vuelven a ganar protagonismo entre los niños. De hecho, los juguetes coleccionables continúan consolidándose como una de las categorías con mayor crecimiento de la industria a nivel mundial.
Según el informe Toy Trends Briefing 2025, elaborado por The Toy Association, los coleccionables siguen liderando las preferencias de los consumidores, impulsados por su capacidad para generar comunidades, fomentar el intercambio y extender la experiencia de juego más allá de la compra.
Pero este fenómeno va mucho más allá de reunir personajes. Para Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O'Higgins (UBO), el coleccionismo puede transformarse en una experiencia muy positiva para el desarrollo infantil cuando mantiene su esencia lúdica.
"Puede fortalecer la identidad, el sentido de pertenencia y la tolerancia a la frustración, siempre que la experiencia se viva como un desafío entretenido y no como una fuente de estrés o competencia. Cuando eso ocurre, también pueden desarrollarse la flexibilidad cognitiva e incluso el humor frente a aquello que no resulta como el niño esperaba", explica.
Una parte importante de estas experiencias ocurre lejos de las vitrinas y mucho más cerca de la interacción entre pares. Conversar, intercambiar personajes, negociar o completar colecciones junto a otros niños genera oportunidades naturales para desarrollar habilidades sociales.
"Cuando el adulto no interviene constantemente, el intercambio puede favorecer la resolución de conflictos, la empatía y la capacidad de negociar. Lo importante es que siga siendo una actividad lúdica y que los adultos no transformen la colección en una obsesión propia, porque eso termina quitándole valor al proceso", sostiene la académica.
Esta tendencia también ha sido observada por SuperThings, juego figuras coleccionables que propone un universo donde héroes y villanos inspirados en objetos cotidianos cobran vida en Kaboom City, invitando a los niños a crear sus propias historias y compartirlas con otros.
"Las colecciones son solo el punto de partida. Lo que realmente ocurre es que los niños se reúnen, intercambian personajes, crean alianzas entre héroes y villanos e inventan nuevas aventuras. Ahí es donde el juego cobra vida y deja de ser una experiencia individual", comenta Indra Ribalta, jefa de Marketing de SuperThings en Chile.
La ejecutiva explica que esa dinámica es precisamente la que ha permitido que este tipo de juegos mantenga su vigencia entre distintas generaciones de niños, donde cada uno construye una experiencia distinta a partir de los mismos personajes.
"El valor del coleccionismo no está únicamente en completar una serie. Lo más interesante ocurre cuando los personajes pasan a ser una excusa para reunirse, intercambiar, negociar e inventar nuevas historias junto a otros niños. Ahí es donde realmente se construye la experiencia de juego", agrega Ribalta.
Precisamente esa libertad para crear reglas y relatos propios es uno de los atributos que más valoran los especialistas, quien además agrega que compartir un mismo interés también favorece la construcción de vínculos durante la infancia.
Más allá de reunir figuras, los especialistas coinciden en que el valor del coleccionismo está en las experiencias que genera: compartir con otros, negociar, crear historias, resolver diferencias y sentirse parte de un grupo. En una época donde gran parte de la interacción ocurre a través de las pantallas, estas dinámicas recuperan el valor del juego presencial como una instancia para fortalecer habilidades que acompañarán a los niños durante toda su vida.