31 Minutos: Universalmente Locales
El Zócalo es el punto neurálgico de una de las capitales más grandes del mundo: Ciudad de México, donde viven casi 10 millones de habitantes. Celebraciones, protestas y todo tipo de reuniones políticas y sociales se realizan en esta explanada, que también ha sido lugar de multitudinarios conciertos: Roger Waters, Shakira y Paul McCartney, por nombrar algunos.
En este tradicional espacio, recientemente más de 230.000 niños y adultos cantaron a coro: “yo nunca vi televisión porque es muy fome”. El hito no es menor, porque la palabra “fome” no existe para los mexicanos. De hecho, es una término que solo usamos en Chile, el país de origen de 31 Minutos, fenómeno televisivo y musical que recientemente hizo historia en el Zócalo.
La historia de amor entre el público chileno y la pandilla encabezada por Tulio Triviño fue casi inmediata cuando se estrenó en 2003 en las pantallas de TVN: la combinación de sátira, ternura y canciones que convertían las tragedias y triunfos de la infancia (la pelota que se cae a la casa del lado, sacarse un 7 en la prueba) en himnos pegadizos, fue parte de la receta del éxito.
Y aunque la música puede ser un lenguaje universal, no necesariamente su contenido será acogido por igual en otras culturas. ¿Por qué canciones que hablan de “pololos”, cosas “bacanes” o “fomes” funcionan tan bien en Chile como en la idiosincrasia de México o Colombia?
Tal vez porque aunque el envoltorio de “31 Minutos” es infantil, su diseño sonoro siempre fue más adulto. Ahí donde otros programas para niños se inclinaron por la pedagogía y cierta condescendencia, el espacio creado por la dupla de Pedro Peirano y Álvaro Díaz apostó por la sofisticación melódica.
Desde el synth-pop y el funk hasta el rock progresivo y la balada romántica, la producción musical de 31 Minutos (liderada por el ex “Chancho en Piedra” Pablo Ilabaca) jamás ha subestimado el oído de sus espectadores, grandes o chicos, con referencias llenas de cultura pop y homenajes por igual a David Bowie, Los Prisioneros o Juan Gabriel.
Con todo, la fórmula de “Bailan Sin Cesar” o “Mi Equilibrio Espiritual” no buscaba ser "internacional": no eliminó los modismos chilenos ni forzó un español neutro. Al ser profundamente honesta con su propia identidad y sus limitaciones, logró una autenticidad que otros países también reconocieron como propia.
¿Acaso toda Latinoamérica tuvo noticieros y conductores solemnes y exagerados, dignos de ser parodiados con títeres de trapo? El cariño que reciben en una nación tan grande y diversa como México parece confirmarlo.
Un dato clave es que 31 Minutos no está en pantalla desde hace más de una década: su última temporada fue emitida en televisión en 2014. Señales internacionales como Nickelodeon y ONCE (tv pública azteca) se encargaron de llevar a Juan Carlos Bodoque, Juanín y Patana a otras latitudes.
El éxito de estos años posteriores no sólo puede explicarse por la nostalgia de los niños y jóvenes de inicios de los 2000s, pues también se sostiene en una nueva vigencia expresada en la transformación de las canciones y segmentos más queridos del programa hacia la experiencia sensorial y real de un concierto.
Hoy la troupe de 31 Minutos gira por el continente con un show diseñado para su disfrute en directo, combinando música en vivo con un brillante trabajo visual que recrea en el escenario la magia de las marionetas: un arte originalmente creado para verse de cerca, pero que aquí logra sumergir a cientos de miles de personas en el mismo efecto. Puro talento y creatividad de Chile para el mundo.
