Pantallas off, libros on
Años atrás, Suecia lideraba el vínculo entre tecnología y educación. Pionera en introducir las pantallas en las salas de clase, hizo que la educación fuera moderna y digital. Sin embargo, los resultados en distintas mediciones internacionales no respaldaron el cambio: la comprensión lectora bajaba, la concentración se debilitaba y el rendimiento académico estaba lejos de mejorar.
¿Nos hacemos los suecos?, se preguntaron los suecos.
No. Sencillo y contundente: chao pantallas, que vuelvan los libros. Retornar al papel, libros físicos y, por si fuera poco, los celulares quedaron restringidos en las escuelas.
Suecia no está sola en esta (nueva) actitud. En el año 2016, Noruega decidió entregarle un Ipad a cada niño y niña de 5 años, y eliminar los libros en papel. Adivine lo que pasó: se desplomaron en rankings de habilidades lectoras, con un vocabulario limitado en los alumnos, incapaces de comprender lo que leían.
¿Nos hacemos los suecos?, se preguntaron los noruegos.
No. El gobierno noruego, en enero de este año, creó una comisión para fomentar la lectura, financiando estrategias para lograr que los niños y sus padres —necesitan que los adultos prediquen con el ejemplo— vuelvan a leer. Ya no regalan Ipads y, como en Suecia, también sacaron los celulares de los colegios.
Países Bajos fue uno de los primeros países en desafíar la omnipresencia de los smartphones. El año 2024, en un acuerdo nacional entre escuelas, padres y profesores, decidieron prohibir los teléfonos. Adivinen lo que pasó: más atención en clases, mejor disposición, mejor aprendizaje. Incluso favoreció el ambiente escolar y el clima social. Menos distracción, más conversación. Algo tan simple como eso.
¿Y cómo andamos en Chile?
Pues estamos como los suecos: en febrero pasado se publicó la Ley N° 21.801, que “prohíbe y regula el uso de dispositivos móviles electrónicos de comunicación personal en establecimientos educacionales”, la que fue acompañada de la campaña “Modo Aula”, impulsada por el MINEDUC, para “proteger el espacio educativo como un entorno de encuentro, aprendizaje y desarrollo integral, favoreciendo acuerdos comunitarios y una relación más consciente con el entorno digital”.
Chao celulares de los colegios, en otras palabras, transformándonos en uno de los primeros países latinoamericanos que regulan este tema.
Por supuesto que esto no significa que la tecnología sea el enemigo. Para nada. Sería una conclusión reduccionista y mezquina. Pero sí necesitamos definir el rol y la importancia que le vamos a asignar dentro de un proceso tan determinante como la educación. Necesitamos que los niños y niñas desarrollen su criterio e inteligencia, no que le pregunten todo a Chat GPT y lo acepten sin chistar.
De todas formas, es curioso constatar que tanto avance tecnológico, tanta inteligencia artificial y smartphone y smartwatch no sean capaces de destronar al libro tradicional. Muy lindas y coloridas las pantallas, pero el papel y la tinta ofrecen una experiencia que, hasta ahora, no se puede replicar.
