El privilegio de estar desconectado: ¿Qué pasa con nuestro cuerpo al estar siempre disponible?
WhatsApp, correos, reuniones virtuales y plataformas de trabajo han hecho cada vez más difusa la frontera entre la jornada laboral y la vida personal. Especialista advierte que estar fuera del trabajo no necesariamente significa estar psicológicamente desconectado.
Miércoles 14 de octubre de 2026
La jornada terminó y el computador está cerrado, pero basta que llegue un mensaje de WhatsApp o una notificación de correo para volver mentalmente al trabajo. La tecnología facilitó la posibilidad de estar conectados desde prácticamente cualquier lugar, pero también instaló una nueva dificultad: sentir que debemos estar disponibles permanentemente.
“El problema no es solamente cuánto tiempo trabajamos, sino también cuánto tiempo sentimos que podríamos tener que trabajar. Cuando el teléfono sigue siendo una extensión de la oficina durante la noche, los fines de semana o las vacaciones, disminuyen los espacios necesarios para recuperar energía, atención y disponibilidad emocional”, explica Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO).
Según la especialista, saber que en cualquier momento puede llegar algo que requiera nuestra atención puede mantenernos en una especie de “vigilancia anticipatoria”: revisar el teléfono sin que haya sonado, pensar si habrá llegado un mensaje o sentir que deberíamos comprobarlo. Esto fragmenta la atención y dificulta alcanzar períodos prolongados de descanso, concentración o presencia con otras personas.
“Estar físicamente fuera del trabajo no necesariamente significa estar psicológicamente fuera de él. La jornada puede terminar formalmente a las seis, pero continuar en nuestra cabeza hasta la noche”, señala.
A esto se suma que la expectativa de responder rápidamente puede terminar internalizándose. Con el tiempo, estar siempre disponible puede asociarse a ser responsable, eficiente o comprometido, generando culpa por no contestar o temor a ser considerado poco involucrado.
“El problema es que podemos confundir responsabilidad con disponibilidad permanente. Ser responsable significa cumplir adecuadamente nuestras funciones; no necesariamente estar accesibles las 24 horas del día”, enfatiza Tartakowsky.
¿Cuándo prestar atención? Sentir ansiedad al alejarse del teléfono, culpa por no responder inmediatamente, revisar constantemente los mensajes, presentar alteraciones del sueño, irritabilidad, cansancio persistente o dificultad para disfrutar actividades sin mirar el celular son algunas señales. También cuando esta dinámica comienza a afectar los vínculos y estamos presentes físicamente, pero nuestra atención continúa conectada al trabajo.
Para recuperar espacios reales de descanso, la académica recomienda establecer horarios de inicio y término, desactivar notificaciones laborales fuera de la jornada, evitar revisar el correo antes de dormir y acordar dentro de los equipos qué situaciones requieren realmente una respuesta urgente. También pueden ayudar pequeños rituales de cierre, como dejar anotado lo pendiente para el día siguiente y cerrar efectivamente los canales de trabajo.
Sin embargo, advierte que la responsabilidad no puede recaer únicamente en las personas: las organizaciones también deben construir culturas que respeten los horarios y no premien implícitamente a quien está disponible permanentemente. “La tecnología nos permite estar disponibles todo el tiempo, pero eso no significa que psicológicamente estemos preparados para estarlo”, concluye.