Luto en el deporte chileno: fallece Marianne von Gierke, figura del fisicoculturismo
Jueves 15 de octubre de 2026
La deportista de 40 años era una de las máximas exponentes de la disciplina y la principal tesis...
En el marco del Día Mundial del Levantamiento de Pesas Olímpico, Martín Domínguez, preparador físico de Los Cóndores, explica cómo comenzar, elegir las cargas adecuadas y evitar los errores más frecuentes.
Viernes 16 de octubre de 2026
Levantar pesas no es una actividad exclusiva de los deportistas de alto rendimiento ni requiere necesariamente mover grandes cantidades de peso. El entrenamiento de fuerza puede beneficiar a personas de distintas edades y convertirse en una herramienta importante para mantener la salud y mejorar la calidad de vida.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos realicen actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana, trabajando los principales grupos musculares. Una pauta que cobra especial relevancia en el marco del Día Mundial del Levantamiento de Pesas Olímpico y que invita a incorporar este tipo de ejercicios de manera segura y progresiva.
“El entrenamiento de fuerza tiene beneficios que van mucho más allá del desarrollo de la masa muscular. Con una planificación adecuada, permite mejorar la capacidad para realizar tareas cotidianas, mantener la salud musculoesquelética y contribuir al mantenimiento de la funcionalidad a medida que envejecemos”, explica Martín Domínguez, preparador físico de Los Cóndores y embajador de Matrix Fitness.
Uno de los principales desafíos para quienes se inician en el entrenamiento de fuerza es saber por dónde empezar. La recomendación del especialista es priorizar los movimientos sencillos, aprender a ejecutarlos correctamente y utilizar cargas que permitan mantener una buena técnica.
Tampoco es necesario comenzar directamente con mancuernas o barras. El peso corporal, las bandas elásticas y las máquinas de musculación son alternativas válidas para desarrollar fuerza y adaptarse progresivamente al ejercicio.
“Las máquinas pueden ser una buena alternativa para quienes se están iniciando, ya que permiten trabajar grupos musculares específicos y facilitan el control del movimiento. La clave es no intentar hacer demasiado desde el primer día. La adaptación requiere tiempo y continuidad”, señala Domínguez.
Para quienes comienzan, dos sesiones semanales pueden ser un buen punto de partida. La frecuencia, la intensidad, el número de repeticiones y el peso utilizado deben ajustarse a la condición física, la experiencia y los objetivos de cada persona.
No existe una carga ideal que sirva para todas las personas. El peso adecuado depende de factores como la experiencia previa, la capacidad física, el ejercicio realizado y el objetivo del entrenamiento.
Por eso, más que intentar levantar la mayor cantidad de kilos posible, el objetivo inicial debe ser ejecutar cada movimiento con control y mantener una técnica correcta.
A medida que el cuerpo se adapta, las cargas y la dificultad de los ejercicios pueden aumentar gradualmente. Esta progresión permite desarrollar fuerza sin someter al organismo a exigencias excesivas desde el comienzo.
Uno de los errores más frecuentes es priorizar el peso por sobre la técnica. También puede resultar contraproducente aumentar las cargas demasiado rápido, descansar poco entre sesiones o copiar rutinas diseñadas para personas con mayor experiencia.
“Es importante diferenciar entre entrenar duro y entrenar bien. No todas las sesiones deben realizarse con la máxima intensidad, ni es necesario llegar al fallo muscular en cada ejercicio para progresar”, advierte el preparador físico.
El especialista también pone el foco en los movimientos complejos de la halterofilia olímpica, que requieren una preparación técnica específica. Ejercicios utilizados en esta disciplina y en modalidades como el CrossFit deben aprenderse de manera progresiva, respetando las capacidades de cada persona.
Para reducir el riesgo de lesiones, Domínguez recomienda seguir algunas pautas básicas:
Priorizar la técnica: aprender a ejecutar correctamente cada movimiento antes de aumentar el peso.
Progresar gradualmente: incrementar las cargas y la dificultad según la adaptación del cuerpo.
Respetar el descanso: permitir que los músculos se recuperen entre sesiones.
Adaptar la rutina: elegir ejercicios e intensidades acordes con la condición física y la experiencia.
Buscar orientación profesional: especialmente al aprender movimientos complejos o cuando existen dudas sobre la ejecución.
Si aparecen dolores persistentes o molestias que alteran la forma de realizar un ejercicio, es importante detenerse y evaluar la situación antes de continuar.
La constancia es uno de los factores fundamentales para obtener beneficios del entrenamiento de fuerza. No se trata de levantar cada vez más peso ni de realizar sesiones extenuantes, sino de encontrar una rutina adecuada que pueda mantenerse en el tiempo.
“El mejor programa no es necesariamente el más exigente, sino aquel que se ajusta a la persona y que puede sostenerse en el tiempo”, concluye Domínguez.