Acoso escolar: ¿Cómo deben reaccionar los adultos cuando un niño pide ayuda?
Durante 2025, las denuncias por convivencia escolar llegaron a 17.076, frente a las 13.988 registradas en 2024, según la Defensoría de la Niñez. ¿Cómo deben responder los adultos cuando un niño o niña revela una situación de acoso o violencia?
Miércoles 4 de noviembre de 2026
Contar que se está sufriendo acoso escolar puede ser difícil. El temor a que no le crean, a que las agresiones empeoren o a que resten importancia a lo ocurrido puede llevar a un niño o niña a guardar silencio. En ese contexto, la reacción del adulto al que recurre puede marcar una diferencia: sentirse escuchado y protegido puede abrir el camino para recibir ayuda, mientras que una respuesta que minimiza lo sucedido puede hacerle pensar que debe enfrentar el problema por su cuenta.
Escuchar sin juzgar, agradecer que haya contado lo ocurrido y dejarle claro que no es responsable de las agresiones son pasos fundamentales. También es importante preguntarle qué necesita para sentirse seguro y explicarle qué medidas se tomarán para ayudarlo. Frases como “no les hagas caso” o “tienes que aprender a defenderte”, aunque busquen tranquilizar, pueden restar importancia a la situación y trasladar al niño una responsabilidad que corresponde a los adultos.
“Cuando un niño o niña se atreve a contar que está sufriendo violencia, está depositando su confianza en un adulto. Esa confianza exige una respuesta: escuchar sin juzgar, no responsabilizar a quien está siendo agredido y actuar para detener la situación. La protección de la niñez no puede depender de que un niño o niña encuentre la manera de defenderse solo; es una responsabilidad que los adultos debemos asumir”, señala María José Varela, Jefa Técnica y de Salvaguarda Infantil y Juvenil.
Pero escuchar no es suficiente si no hay acciones posteriores. Una vez que un niño o niña revela una situación de acoso, los adultos deben evaluar cómo resguardar su seguridad, comunicar la situación a quienes corresponda y activar medidas para detener las agresiones. También es importante explicarle qué sucederá después y mantener el acompañamiento, para que no sienta que pedir ayuda fue un paso que no produjo cambios.
La forma de intervenir también importa. Enfrentar directamente al niño o niña con quienes lo agreden, exponer su relato sin resguardar su privacidad o pedirle que vuelva a contar lo ocurrido repetidamente puede aumentar su angustia y revictimizarlo. Por eso, la respuesta debe centrarse en su bienestar, respetar sus tiempos y evitar que termine asumiendo la carga de resolver el conflicto.
La protección requiere, además, que los adultos responsables y las instituciones involucradas coordinen sus acciones y hagan seguimiento de la situación, realizando las denuncias correspondientes en caso de ser necesario. Detener la violencia no consiste únicamente en reaccionar ante un episodio, sino en procurar que las agresiones no continúen y que el niño o niña pueda desenvolverse en un entorno seguro y protector.
En el marco del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela, que se conmemora el 5 de noviembre, Aldeas Infantiles SOS Chile llama a fortalecer entornos protectores donde niños, niñas y adolescentes puedan hablar de lo que viven sin temor a ser cuestionados y encuentren adultos dispuestos a escucharles, creerles y actuar.