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En un contexto de creciente preocupación por la convivencia escolar, expertos advierten que estos vínculos se construyen en la vida cotidiana y no dependen de una sola acción o estilo de crianza.
Lunes 6 de julio de 2026
En los últimos meses, las redes sociales han popularizado conceptos como “apego seguro”, “ansioso” o “evitativo”, generando una necesaria conversación entre padres y cuidadores.
Sin embargo, especialistas advierten que este debate suele quedarse en etiquetas superficiales, dejando fuera lo central: cómo se construyen realmente los lazos que sostienen el desarrollo emocional de niños y adolescentes y su impacto directo en la vida escolar.
Hoy, la convivencia escolar es una de las principales preocupaciones del sistema educativo chileno. Según cifras de la Superintendencia de Educación, durante 2025 se registraron 22.680 denuncias ciudadanas, de las cuales más del 75% corresponden a problemas de convivencia, consolidando esta área como uno de los principales desafíos para las comunidades educativas del país.
“Cuando hablamos de apego no nos referimos a una teoría abstracta ni a clasificar a los niños en categorías. Hablamos de vínculos consistentes y predecibles con adultos significativos, que permiten al menor sentirse seguro, regular sus emociones y enfrentar los desafíos cotidianos, incluidos los del entorno escolar”, explica Yanina Galaz, psicóloga y Coordinadora de Convivencia Educativa de la red de colegios Cognita.
Si bien el interés digital ha instalado el tema en la agenda pública, también ha simplificado su comprensión. Los expertos aclaran que el desarrollo socioemocional no se define por una sola acción ni se reduce a diagnósticos de redes sociales, sino que se construye de manera progresiva en la vida cotidiana.
En este proceso no solo intervienen madres y padres. Otros adultos significativos -como abuelos, cuidadores e incluso docentes- cumplen un rol clave en el desarrollo socioemocional de niños y adolescentes.
“Muchas veces se espera que el colegio resuelva por sí solo dificultades que tienen un origen más profundo. Sin embargo, lo que ocurre en casa influye directamente en cómo los estudiantes se relacionan con sus pares, respetan la autoridad y aprenden a manejar la frustración en la sala de clases”, agrega Galaz de Cognita.
En un escenario donde la convivencia escolar se ha instalado como un eje central del debate educativo, fortalecer los vínculos tempranos se vuelve una herramienta relevante de prevención. La escuela no solo refleja las habilidades emocionales que los estudiantes traen desde su entorno familiar, sino que también puede contribuir a reforzarlas y acompañarlas.
“Más que grandes intervenciones, lo que marca la diferencia son las experiencias cotidianas de conexión, confianza y acompañamiento. Sentirse visto y comprendido tiene efectos concretos en cómo los jóvenes se vinculan con su entorno”, concluye la psicóloga.
Para favorecer vínculos seguros que impacten positivamente en la experiencia escolar, los especialistas sugieren acciones simples pero consistentes:
Entender el apego desde la acción cotidiana y no desde la etiqueta es un paso clave para abordar de manera más integral los desafíos de aprendizaje, bienestar y convivencia que hoy enfrentan las comunidades educativas.