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Con la llegada de la primavera, vuelven a discutirse dos costumbres: servir los tintos a temperatura ambiente y los blancos muy fríos. En días cálidos, el exceso de calor puede restar frescura a un tinto ligero, mientras que un blanco demasiado frío puede ocultar parte de sus aromas. Unos pocos grados bastan para cambiar lo que percibimos en cada copa.
Viernes 30 de octubre de 2026
Con la expectativa de días más cálidos y el regreso de los almuerzos en terrazas, hay una costumbre que parece resistirse al cambio de estación: reservar el refrigerador para los vinos blancos y mantener los tintos a temperatura ambiente. Una práctica muy extendida que no siempre favorece la expresión de sus aromas y sabores.
La explicación está en que la temperatura no depende únicamente del color del vino, sino también de su variedad y estructura. Y aunque los grados ideales no cambian con las estaciones, las condiciones en que se almacenan y consumen las botellas sí lo hacen.
El Pinot Noir es un buen ejemplo. Reconocido por sus notas de frambuesas, su acidez y sus taninos delicados, es un tinto que puede disfrutarse alrededor de los 14 °C. Si alcanza los 24 °C durante una tarde cálida, estará diez grados por encima de esa referencia, lo que puede acentuar la sensación alcohólica y disminuir su frescura.
“Con el cambio de temporada es importante prestar atención a la temperatura que servimos el vino. Existe la idea de que los tintos deben tomarse a temperatura ambiente (17°C), pero eso no siempre es lo más adecuado. En el caso del Pinot Noir, unos grados menos permiten destacar su fruta y acidez”, explica Carol Koch, enóloga de Viña Cono Sur.
Servir el vino blanco directamente desde un refrigerador doméstico, que habitualmente se mantiene cerca de los 4 °C, puede impedir que algunos expresen plenamente sus características.
Es el caso del Chardonnay, a temperaturas demasiado bajas, sus aromas pueden percibirse con menor intensidad y su textura pasar inadvertida. La temperatura ideal de consumo es entre los 10 y 13 °C.
Distinto es el caso del Sauvignon Blanc, cuya acidez y perfil aromático permiten disfrutarlo entre los 7 y 10 °C, conservando su carácter refrescante.
En la práctica, no hace falta contar con una cava especializada. Un Pinot Noir que ha permanecido en un ambiente cálido puede beneficiarse de un breve paso por el refrigerador antes de servirse. Y si el vino acompaña un almuerzo al aire libre, mantener las botellas a la sombra o en una cubetera con agua y hielo ayuda a evitar que se calienten demasiado.
Las temperaturas de servicio son referencias, pero sin duda una diferencia de pocos grados puede modificar la percepción de sus aromas, acidez y textura.
Así, el cambio de estación invita a precisar qué entendemos por ‘temperatura ambiente’: no es lo mismo servir un tinto a 17 °C que hacerlo en una tarde de 30 °C. Pero, más allá de las recomendaciones, lo importante es descubrir qué vinos nos gustan y cómo preferimos disfrutarlos.