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Miércoles 23 de septiembre de 2026
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Desde sequías e inundaciones hasta calor extremo, El Niño marcará el clima en todo el mundo. En el Atlántico, sus efectos podrían incluso traducirse en una temporada sin huracanes.
Jueves 24 de septiembre de 2026
En un año típico, los meteorólogos registran varios huracanes a finales de septiembre. El 2005 fue uno de los años más activos jamás registrados y para esta fecha ya habían atravesado el océano Atlántico cinco grandes huracanes, entre ellos Katrina, uno de los más devastadores en la historia de Estados Unidos.
Sin embargo, el 2026 ha estado sorpresivamente tranquilo. Hasta el 23 de septiembre, solo se habían formado seis tormentas tropicales en el Atlántico Norte y ninguna había alcanzado la intensidad de huracán. Esto no ocurre desde que comenzaron a realizarse registros por satélite en 1966, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos.

"En la era de los satélites nunca hemos tenido un año sin un huracán", afirmó Matthew Rosencrans, principal pronosticador de la temporada de huracanes del Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA. "Sería la primera vez".
La principal razón es la última fase del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un ciclo de vientos y temperaturas de la superficie marina en el océano Pacífico que influye en el clima de todo el mundo y constituye un "factor dominante en todas las actividades de la temporada de huracanes". Los meteorólogos han señalado que el episodio de El Niño de este año podría ser uno de los más intensos registrados.

Al monitorear las tormentas del Atlántico, la NOAA indicó que la Energía Ciclónica Acumulada (ECA) se encuentra en mínimos históricos para una etapa tan avanzada de la temporada. La ECA es una medición que combina duración e intensidad de tormentas tropicales y que normalmente alcanza su punto máximo el 10 de septiembre.
El nombre que recibe este tipo de tormenta tropical depende de la región. Lo que en el Atlántico Norte y el Pacífico oriental se conoce como huracán, en el este de Asia recibe el nombre de tifón. En el océano Índico y el Pacífico Sur, los meteorólogos suelen denominarlo ciclón.
Los datos más recientes de la NOAA muestran que El Niño sigue fortaleciéndose. La temperatura del mar en el Pacífico ya supera los 3 grados Celsius, lo que apunta a un episodio de El Niño "muy fuerte" durante los próximos seis meses y a una temporada de huracanes "por debajo de lo normal".
Casi toda la actividad de ciclones tropicales en el Atlántico ocurre entre el 1 de junio y el 30 de noviembre, aunque los huracanes pueden formarse en otras épocas del año. Los meteorólogos advierten que la tranquilidad observada hasta ahora no descarta la aparición de un gran huracán antes del final de la temporada.
El fenómeno natural de El Niño se repite aproximadamente cada dos a siete años y sus efectos pueden prolongarse por al menos un año. Durante este periodo, los vientos alisios que normalmente soplan de este a oeste sobre el Pacífico se debilitan e incluso pueden invertirse. Estos cambios alteran las corrientes atmosféricas y dificultan la formación de tormentas en el Atlántico.

La NOAA señala que los huracanes que logran formarse durante un año de El Niño en el Atlántico suelen hacerlo más cerca de la costa este de Estados Unidos y del golfo de México. Esto les deja menos tiempo para convertirse en huracanes de gran intensidad, pero también reduce el margen de preparación para las comunidades costeras.
El Niño intensifica la cizalladura del viento en el Atlántico, o sea, su cambio brusco de velocidad o dirección. "Un fuerte viento cortante" dificulta el desarrollo de tormentas tropicales, explicó Rosencrans.
En cambio, en las zonas oriental y central del Pacífico, durante los episodios de El Niño, la cizalladura vertical del viento (su cambio brusco de velocidad o dirección a diferentes altitudes) es menos intensa. Combinada con aguas más cálidas, que aportan calor y humedad a las tormentas, esta situación favorece una mayor actividad ciclónica en la región.
Este año, el Pacífico ya ha registrado varios huracanes de gran magnitud, incluido Polo, que esta semana se convirtió en uno de los ciclones más potentes de las últimas décadas, en parte, gracias a los efectos de El Niño.
"Normalmente, El Niño provoca que las tormentas se formen más al este [...] hacia la línea internacional de cambio de fecha y las Islas Marshall", precisó Rosencrans a DW. "Esto significa que las tormentas tienen una vida útil más larga antes de alcanzar grandes masas de tierra".
Durante un fenómeno El Niño, las tormentas en la costa asiática del Pacífico tienden a desplazarse "hacia el norte, en lugar de continuar hacia el oeste, hacia el este y el sudeste asiático", agregó Anne-Claire Fontan, de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Según Rosencrans, esto significa que Guam, las Islas Marianas del Norte, Japón y la península coreana "pueden enfrentarse a una probabilidad ligeramente mayor de sufrir tormentas tropicales y tifones".

El fenómeno ENOS es un proceso natural y no está causado por el cambio climático. Como señaló Rosencrans, "la interacción entre El Niño o La Niña y los cambios climáticos de largo plazo es solo una parte de lo que determina que una temporada de huracanes sea más o menos activa".
Sin embargo, advirtió Fontan a DW, "el Niño se está produciendo en un mundo más cálido y eso puede amplificar algunos de sus efectos, incluidos el calor extremo, las lluvias torrenciales y las sequías".
Algunos servicios meteorológicos, como la Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office), ya han advertido de que la combinación de El Niño y el cambio climático podría batir aún más récords de temperatura en 2027. Además, un informe del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago pronostica que el calor extremo podría causarcerca de medio millón de muertes adicionales en todo el mundo, especialmente en los países del Sur Global.