Cristián tiene 11 años y vive en Ñuñoa con sus padres y hermana que también juega hockey. Ama los patines y por eso practica este deporte a veces rudo, pero siempre divertido, donde es uno de los principales líderes de su equipo. Pero al muchacho a veces “se le suelta la cadena” y un mal cobro del árbitro puede llevarlo, en un mismo partido, de líder goleador a la peor de las pesadillas. El hockey le ofrece una oportunidad única para demostrarse a sí mismo y a todos los demás, que es capaz de controlar sus arrebatos y ser el campeón que sabe que lleva dentro.

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