Las estrategias para enfrentar ciberamenazas cada vez más sofisticadas
En el Mes de la Ciberseguridad, especialistas advierten que la inteligencia artificial está haciendo más difíciles de detectar los fraudes y ataques informáticos.
Miércoles 28 de octubre de 2026
Una llamada de un familiar que pide dinero con urgencia, un correo aparentemente enviado por el gerente de una empresa o un sitio web idéntico al de un banco. La inteligencia artificial está transformando los delitos informáticos, permitiendo crear engaños cada vez más convincentes, personalizados y difíciles de detectar.
En Chile, las amenazas digitales representan un desafío creciente. Según el informe del primer semestre de la Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI), cerca del 35% de los ataques con efectos significativos que provocaron interrupciones de servicios correspondió a ransomware, una modalidad que secuestra información o sistemas para exigir un rescate.
“El ransomware se ha mantenido como la principal amenaza para las instituciones, mientras que entre las personas han aumentado las estafas mediante correos, llamadas y mensajes fraudulentos. La inteligencia artificial permite que estos engaños sean mucho más elaborados, incluso imitando voces o la apariencia de personas conocidas”, explica Giovanni Estrada, director de seguridad de la información de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO).
Aunque el BID y la OEA han situado a Chile entre los países más avanzados de la región en ciberseguridad, persisten brechas importantes, especialmente en las pequeñas y medianas empresas y en la disponibilidad de profesionales especializados.
Simular una crisis antes de enfrentarla
Ante este escenario, la simulación de ataques informáticos surge como una herramienta para preparar a las organizaciones sin comprometer sus sistemas reales. Esa es la propuesta del Cyberrange SOC UBO, un centro de entrenamiento pionero entre las universidades chilenas, inspirado en el Cyber Range de la Universidad de Ottawa, desarrollado junto a IBM.
El centro cuenta con dos salas de simulación integradas, con capacidad para cerca de 40 participantes, y una war room o sala de crisis, donde quienes toman decisiones gestionan el incidente mientras los equipos técnicos trabajan en contenerlo. Mediante escenarios apoyados por inteligencia artificial, las organizaciones pueden identificar debilidades y ensayar respuestas frente a distintos tipos de ataques.
“La ciberseguridad no depende únicamente de quienes manejan la tecnología. Durante un ataque también es fundamental saber quién toma las decisiones, cómo se coordina la respuesta y de qué manera se comunica lo que está ocurriendo. Nuestro centro permite entrenar todos esos aspectos simultáneamente”, señala Estrada.
Pese a los avances tecnológicos, el comportamiento humano continúa siendo un factor determinante. Reutilizar contraseñas, abrir enlaces sin verificar su procedencia, no actualizar dispositivos o prescindir de la autenticación de doble factor son algunos de los errores más frecuentes.
“El mayor margen de mejora está en la gestión, la educación y la prevención. Usar contraseñas únicas, activar el doble factor, respaldar la información y reportar oportunamente los incidentes son medidas sencillas que pueden marcar una diferencia importante”, advierte el académico.
Para Estrada, el desafío de Chile será avanzar hacia una cultura de ciberseguridad que permita anticiparse a amenazas cada vez más sofisticadas, combinando educación digital, investigación y formación de especialistas capaces de responder a los nuevos riesgos.