Piero, contado por quien ayudó a construir su leyenda
"Todavía no hicimos lo mejor", le dijo Piero a José Tcherkaski la última vez que se vieron. Su compañero de ruta durante más de medio siglo recuerda al artista y al ser humano en una entrevista exclusiva con DW.
Viernes 9 de octubre de 2026
Una voz inconfundible, un rostro familiar, un cantante extraordinario y un tipo afable. Piero, nacido en Italia, criado en Argentina y admirado en toda Latinoamérica, ha dejado este mundo.
Símbolo de la canción de protesta de toda una época, cantautor sensible y comprometido, ser humano sin estridencias.
Tras de sí, más de seis décadas de trayectoria, más de 25 discos editados, cerca de 4.200 conciertos y más de cinco millones de placas vendidas. Sus canciones son parte de la historia de varias generaciones.
Basta leer "Viejo, mi querido viejo" para que la música resuene en nuestra mente. Solo este tema acumula más de 500 versiones.
DW pudo conversar en exclusiva con José Tcherkaski, su compañero de ruta, su media naranja artística. Juntos formaron una dupla perfecta. Tcherkaski escribía las letras, Piero componía la música y les ponía voz.
Con una sencillez sorprendente, Tcherkaski evoca al artista y al ser humano, reflexiona sobre su legado y revela algunas de las claves de una aventura musical cuya inmensa repercusión ninguno de los dos llegó siquiera a imaginar.
DW: Piero tenía una manera muy particular de llegar al público. ¿Qué cree que tenía de especial como intérprete?
José Tcherkaski: En el escenario, Piero era un misterio. La gente quedaba fascinada con un señor parado, vestido normalmente, con una guitarra y su grupo que tocaba. Lo único que decía era "Hoy vamos a vivir lo mejor", y cantaba 10 o 12 canciones, según el repertorio, y la gente quedaba embobada. Y yo también.
Y fuera del escenario, ¿cómo era Piero?, usted que lo conoció tanto.
Era una muy buena persona y un creador de muchísimo talento, no solamente como cantante, sino también como compositor. Era realmente muy valioso. Y era una bella persona.
¿Cuál cree que es su principal legado?
Su principal legado es el repertorio que hicimos. Nosotros tenemos un repertorio muy grande, son 120 canciones en total, que giran por entre 35 y 40 países.
La primera composición conjunta fue "Mi viejo".
"Mi viejo" es una historia aparte. Éramos dos chicos cuando la hicimos, no imaginamos jamás la repercusión que iba a tener. La toma una compañía, Sony, porque pensó que sería un negocio para el Día del Padre. Entonces se grabó, pero bueno, después estalló en todo el mundo. Ni Piero ni yo teníamos la menor idea de que esto iba a ocurrir. Se grabó para 20 películas, y unas 20 o 30 series. La canción penetra. El público es el que elige, el que señala con el dedo y dice "quiero eso".
Las canciones que ustedes hicieron lograron conectar muy profundamente con el sentir popular: ¿a qué lo atribuye?
En este trabajo hay que saber mirar, ser muy poco soberbio, estar muy al ras del suelo y mirar a la gente.
Se refiere a "mirar" también lo no visible, las emociones, ¿quizás?
Exactamente. Las cosas se cuentan solas, digo yo. El tema es saber mirar.
¿Cómo era el proceso creativo?
Trabajábamos los dos juntos todo el tiempo. Yo tenía la letra y él hacía la música. A veces había problemas con la métrica y Piero me iba indicando los errores que tenía e íbamos trabajando. Trabajábamos todos los días.
Piero es muy querido en Argentina, pero también en muchos otros países de Latinoamérica. ¿Por qué cree que es así?
Porque es un ser muy sencillo, muy dado. Se lo quiere en todos los países. Yo no conozco a nadie que me diga algo negativo de Piero. A diferencia mía, que tengo mal carácter. Pero Piero no. Piero es, era, una dulzura. Era muy difícil no querer a Piero.
Piero interpretó canciones muy diferentes, desde temas infantiles como "La sinfonía inconclusa en la mar" hasta canciones de protesta como "Para el pueblo lo que es del pueblo", pasando por otras más románticas como "Llegando, llegaste". ¿Había algún tipo de canción con el que se sintiera especialmente identificado o disfrutaba de todas?
A Piero le gustaba cantar. Él jugaba, jugaba con las canciones infantiles, con las políticas, con las de amor, jugaba en el escenario y era muy buen jugador.
¿Cómo describiría la relación que mantuvieron durante más de 50 años de trabajo conjunto?
Piero fue una persona muy noble. Nosotros, en más de 50 años de trabajo, no tuvimos ningún inconveniente. Teníamos diferencias, por supuesto, yo tenía diferencias ideológicas. Yo estoy muy volcado al pensamiento político, Piero no. En ese sentido, podíamos tener una mirada muy distinta, pero eso no significaba que no podíamos trabajar juntos. Y no había competencia. Yo no competía porque Piero cantaba, y Piero no competía porque yo escribía las letras. Era una relación sana.
¿Cómo le gustaría que se recordara a Piero?
Como lo que fue, como un cantante, un intérprete, un creador, un diseur ―una persona que dice y no grita―, que dio lo mejor que pudo a lo largo de más de 50 años sin pedir nada.
¿Cuál fue la última vez que lo vio o habló con él?
Hará unos dos años.
¿Y qué recuerda de ese último encuentro?
Él siempre decía: "Todavía no hicimos lo mejor", y con esa idea se fue, pensando que todavía no había hecho lo mejor.
"Paremos, estoy llegando", dice Tcherkaski a DW. Lo esperan en el velorio de Piero, en la tarde de Buenos Aires.