El libro más enigmático lleva 600 años sin leerse: Ahora hay una pista
El manuscrito de Voynich lleva siglos guardando silencio. Sus plantas no se parecen a ninguna conocida y sus palabras no significan nada para nadie. Ahora, quizá sus páginas nunca estuvieron donde hoy las vemos.
Viernes 23 de octubre de 2026
Si aún no ha oído hablar de él, quizá sea hora. Y es que, pese a más de un siglo de investigaciones, ningún experto ha conseguido averiguar qué dice realmente el manuscrito de Voynich. Plantas que nadie logra identificar, extraños diagramas astronómicos, figuras humanas sumergidas en baños y miles de palabras trazadas en una escritura que nadie ha conseguido descifrar. El alimento perfecto para amantes de los misterios.
Ahora, no obstante, un nuevo estudio apunta a una explicación "sencilla" para al menos parte del desconcierto: quizá llevamos todo este tiempo intentando leerlo en el orden equivocado.
Así lo defienden Colin Layfield, de la Universidad de Malta, y Lisa Fagin Davis, directora ejecutiva de la Academia Medieval de América, en un trabajo publicado en la revista Digital Medievalist. Según su tesis, alguien habría encuadernado mal el libro entre mediados y finales del siglo XV, posiblemente sin entender una sola palabra de lo que tenía al frente.
Imagen: World History Archive/United Archives/picture alliance
Qué es el manuscrito de Voynich
Para contextualizar este hallazgo, conviene mirar de cerca el enigmático objeto. Se trata del Manuscrito Cifrado de Beinecke (Beinecke MS 408), conocido más comúnmente como el Manuscrito de Voynich. Según Live Science, este códice reúne unas 38.000 palabras repartidas por aproximadamente 240 páginas de pergamino. Todas ellas están escritas en el llamado "voynichés", un sistema de escritura que sigue sin descifrarse.
Según la Biblioteca de Yale, en el manuscrito se distinguen seis secciones temáticas. Una de ellas contiene textos sin ilustraciones, posiblemente recetas, cuyas entradas están señaladas con pequeñas flores en forma de estrella. Las otras cinco reúnen dibujos de plantas, representaciones de hierbas y raíces medicinales, escenas de baños, diagramas astronómicos y astrológicos y medallones cosmológicos.
Durante años, el manuscrito llegó a atribuirse a personajes como Roger Bacon y Leonardo da Vinci, aunque ninguna de estas teorías cuenta con pruebas convincentes. Según recoge IFL Science, la datación por carbono sitúa las pieles utilizadas para el pergamino entre 1404 y 1438, con un 95 % de probabilidad. Esto descarta que Bacon, que vivió en el siglo XIII, escribiera sobre esas hojas, aunque no permite determinar cuándo se añadió el texto.
También hay pistas sobre su posible lugar de origen escondidas en las ilustraciones. Según recoge IFL Science, algunos elementos arquitectónicos, como las almenas "en cola de golondrina", junto con el diseño de una corona y los motivos zodiacales, apuntan a un posible origen en el entorno cultural del norte de Italia o el sur de Alemania.
Imagen: World History Archive/United Archives/picture alliance
Su viaje hasta la Universidad de Yale
Tras ese origen incierto, su recorrido posterior es sorprendentemente bien conocido. Según la Biblioteca de Yale, el primer propietario confirmado fue el emperador Rodolfo II, que lo compró por 600 ducados de oro.
Después pasó por manos de boticarios y alquimistas hasta que, en 1912, lo adquirió el librero Wilfrid Voynich en un colegio jesuita cerca de Roma. Desde 1969 reposa en la biblioteca Beinecke de Yale, que solo lo ha dejado salir una vez, en 2014-2015, para una exposición en la Biblioteca Folger Shakespeare, en Washington, Estados Unidos.
Las pistas de un posible desorden en las páginas
Pero la historia del Voynich no termina con su llegada a Yale. Mientras su escritura sigue resistiéndose a cualquier intento de ser finalmente descifrada, la nueva investigación ha puesto el foco en algo mucho más tangible: el orden de sus páginas. Y es que, al examinar la caligrafía, Davis observó que la secuencia de las hojas no parecía seguir un orden lógico.
A ello se sumaban ilustraciones que se cuelan por el centro del libro y reaparecen al otro lado, "a pesar de que hay un montón de páginas de por medio", contó a Live Science. Todo ello hacía pensar que las páginas podrían no estar colocadas en su orden original.
Para poner a prueba la hipótesis sin haber traducido ni una palabra, el equipo utilizó el análisis semántico latente (LSA), un método desarrollado en los años ochenta que permite identificar patrones y relaciones entre textos.
Layfield destaca que este método resulta especialmente útil cuando se dispone de poco texto, a diferencia de muchas técnicas modernas de inteligencia artificial, que necesitan grandes cantidades de datos para entrenarse.
Con ese método compararon bloques de texto, tomando como referencia obras conocidas como el Bestiario de Aberdeen, y encontraron similitudes estadísticas que no siempre encajaban con la disposición actual de las hojas.
Los investigadores proponen así que el manuscrito no estaba pensado para encuadernarse de manera convencional, sino que originalmente habría consistido en una serie de "singuliones", hojas dobladas por la mitad y dispuestas una detrás de otra, "como una pila de tarjetas de Navidad", según describe The Guardian. Un encuadernador posterior los habría colocado unos dentro de otros, como si fueran los pliegos de un libro convencional, y ahí empezó el lío.
Imagen: Gemini Collection/IMAGO
Un manuscrito escrito por varias manos
Las consecuencias van más allá de convertirse en un puro rompecabezas. Davis cree que esto cuestiona el mito del "genio loco" trabajando solo en su ático, pues las pruebas apuntan a algo más colectivo, y el análisis paleográfico sugiere hasta cinco escribas distintos.
Y quizá no fuera solo una obra de varias manos, sino también una forma de compartir conocimientos. Davis señaló a The Guardian un curioso precedente: unos coranes medievales del norte de África, los únicos otros ejemplos que ha encontrado conservados con una disposición similar de hojas. Estos podrían haberse utilizado como pequeños folletos destinados a la enseñanza.
En el caso del Voynich, las ilustraciones ofrecen pistas sobre qué tipo de conocimientos podría haber reunido. Entre sus dibujos aparecen figuras que parecen representar el sistema reproductivo femenino, además de referencias a plantas medicinales y a la astrología. Esa combinación lleva a Davis a plantear que podría tratarse de un libro de saberes populares femeninos, aunque reconoce que, por ahora, "eso aún no se puede demostrar".
Hay incluso una ironía final. Como recuerda Davis a The Guardian, se conservan muy pocos manuscritos medievales sin encuadernar, así que quien lo montó mal "nos hizo un gran favor" al garantizar su supervivencia.
Imagen: ORF/Pro omnia film/Andeas Sulzer/dpa/picture alliance
¿Se descifrará algún día?
Davis se muestra optimista y apunta a un precedente, "Cain's Jawbone", un puzle de los años treinta con 100 páginas de una novela policíaca desordenadas, que un puñado de personas ha logrado resolver, aunque la inteligencia artificial no.
Su equipo, además, ya tiene otra pista entre manos: una mancha de humedad visible en la parte superior de varias hojas. Estudiar sus contornos podría ayudar a reconstruir parte del orden original del manuscrito.
El verdadero misterio sigue sin resolverse, pero Davis recordó a Live Science por qué este avance importa: "No se puede entender un libro en el que todas las páginas están desordenadas".