El 29 de junio el calendario católico festeja a Pedro y Pablo, apóstoles de Jesús, en una celebración que lleva más de mil 600 años.
La conmemoración rendida al santo pescador es la más popular. En nuestro país, decenas de pueblos le están rindiendo culto; en medio del desierto, en san Pedro de Atacama y en las caletas de Quintero y Loncura, en la quinta región.
Esta vez nos trasladamos al balneario de Quintero, a 170 kilómetros de Santiago, para vivir la experiencia más impresionante en Chile de la fiesta de San Pedro, aquel pescador que hace dos mil años Cristo eligió para que fuera su seguidor.
En el mar y ubicado a doce metros de profundidad se ubica el Cristo sumergido de Quintero. Con los brazos abiertos, sobrepasando la superficie y levantados hacia el cielo, recibe a sus fieles que llegan con sus bailes, peticiones, lamentos y adoraciones.
Este es el lugar de encuentro para los devotos y sus diversas manifestaciones artísticas que van desde los bailes religiosos, chinos y diabladas, pasando por tinkus, kullakas, hasta indios y gitanos.
Ha comenzado la fiesta de San Pedro, haciendo que Quintero cambie su rutina habitual, convirtiéndolo en una verdadera comparsa festivalera que mezcla ritos indígenas con aportes de la cultura española y de la iglesia católica, conformando una tradición religiosa que es única en el mundo.
Uno a uno los grupos de bailes solicitan el permiso al Santo, su bendición y también su intervención con el Supremo para obtener milagros, alcanzando un lazo directo entre el cielo y la tierra, entre Dios y el Hombre.
Para todos los que hoy bailan y ruegan, el milagro es un hecho de fe que permite reconocer el contacto con el creador, como también la intermediación de San Pedro, un ser humano sagrado, pero también cercano.
La procesión y la imagen del santo ya han llegado a la Iglesia, iniciándose una velada de misa, cantos y bailes, conformando una de las expresiones artístico-religiosas más importantes del mundo.
Transcurridas doce horas, la fiesta de san Pedro en Quintero ha llegado a su fin. Los peregrinos se retarán con regocijo, esperanza y aun con mas fe.
Al día siguiente, el mar de Quintero amanece caprichoso y amenazante, el puerto está cerrado, no habrá procesión, pero hay algo que falta para saciar la devoción y el amor a Dios. Los más devotos, los pescadores y buzos realizan su propia procesión ahora camino a las profundidades del mar.
Allá debajo de las aguas, lejos de los ruidos y en la más profunda calma rinden honor al Santísimo, agradecen y se despiden hasta el próximo año de San Pedro, el patrono de los pescadores en la fiesta de Quintero.