Ambas imágenes quedaron perpetuadas en el recuerdo.
Primero Maradona extendiendo su brazo para vencer la salida
del arquero Peter Shilton y después surcando un camino
plagado de ingleses para anotar el mejor gol de todos los
tiempos.
Ese triunfo por dos goles a uno, en los cuartos de fnal,
fue para los argentinos lo más parecido a una revancha
por la derrota en la guerra por las Malvinas. Era mucho más
que un partido de fútbol. Había detrás
una historia particularmente dura. En 1982 ambos países
se enfrentaron en una incomprensible guerra que terminó
con los sudamericanos rendidos, llorando a sus víctimas.
El partido se jugó el 22 de junio de 1986, en el estadio
Azteca. El primer golpe albiceleste fue obra y gracia de Maradonaque.
A primera vista pareció que el volante, con su 1,66
metro de estatura, le había ganado el rechazo al portero
para anotar de cabeza la apertura de la cuenta. Peter Shilton,
quien salió a buscar el balón mal rechazado
por un compañero, vio como la pelota le pasaba por
arriba y se alojaba en su arco.
Nadie entendió las airadas protestas de los jugadores
que por entonces dirigía Boby Robson. Tampoco el árbitro
Ali Bennaceur, de Túnez, se dio cuenta del engaño
y sin dudar validó el gol. Mientras tanto, Maradona
corría con su puño levantado para festejar el
tanto.
Años más tarde, cuando Maradona visitó
Inglaterra, un periodista le preguntó si el gol había
sido anotado con su puño izquierdo, a lo que el zurdo
contestó: "Fue la mano de Dios".
"¡Qué mano de Dios, fue la mano del Diego!.
Fue como robarle la billetera a los ingleses", reconoció
el volante luego en su libro autobiográfico "Yo
soy el Diego".
"Ni yo se cómo hice para saltar tanto. Metí
el puño izquierdo y la cabeza detrás, el arquero
Peter Shilton ni se enteró y Fenwick, que venía
atrás, fue el primero que empezó a pedir mano.
Cuando ví que el juez de línea corría
hacia el centro de la cancha, encaré para el lugar
donde estaban mi papá y mi suegro para gritárselo
a ellos", explicó Maradona en su libro.
La otra secuencia es mucho más parecida a una obra
de arte. Es, simplemente, uno de los mejores goles anotados
en una Copa del Mundo. Maradona la tomó en la mitad
de la cancha y humilló con su técnica en velocidad
a cuanto inglés le salió al camino. Terminó
esquivando al portero y asegurando la victoria con su segundo
tanto personal.