Martes, 7 de Febrero de 2012

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España, el capítulo negro

El paso de Maradona por el Barcelona es el momento menos recordado de su carrera.

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Ocho millones de dólares lograron separar a Diego del club de sus amores, Boca Jumiors. Había llegado al equipo xeneize en 1981 a préstamo desde Argentinos Juniors, a cambio de cuatro millones de dólares más seis jugadores.

Así fue. Las pesetas pudieron más que el amor profundo entre Maradona y los hinchas de Boca. Retenerlo en el equipo fue una utopía y el volante debió partir hacia Europa.

La etapa españla comenzó en 1982. Arribó a ese país para jugar el Mundial y apenas se bajó del avión fue presentado con la camiseta del Barcelona. No jugó por los azulgranas hasta que la selección trasandina fue eliminada de la Copa del Mundo.

No fue fácil ambientarse. En realidad fue al revés, se lo hicieron muy dificil. La presión de los dirigentes por ver compensado su gasto era evidente. La envidia de sus compañeros tampoco ayudaba y la imagen que dejó en el Mundial era, por decir lo menos, opaca.

Dentro de la cancha Maradona encontró un equipo muy físico, donde el único talento era correr sin la pelota. Tuvo que entrener sin reparos. Era más simple intensificar su dinámica que intentar enseñarle a los demás como tratar la pelota.

Para colmo, el sistema de trabajo de su primer entrenador en el cuadro catalán, el alemán Udo Lattek, distaba mucho de lo ideal. El hombre parecía más preocupado de que los jugadores cargaran gigantescas balones medicinales en los entrenamientos que de usar pelotas de fútbol.

De cualquier forma la magia estuvo presente. Puede discutirse, pero para algunos fue uno de sus momentos más brillantes en lo meramente futbolístico.

Un ejemplo de lo anterior es el gol que le marcó al Real Madrid. Con una amague quebró a toda la defensa rival, que presionaba en la mitad de la cancha. Corrió y corrió con la pelota pegada a su zurda, hasta encontrarse con el arquero, que salió a buscarlo más allá de su área. Con otro amague no dejó que los rozara, ni a él ni a la pelota. Luego encaró hacia el arco vacío. Cuando ya casi había llegado a la línea de gol y el travesaño le hacía sombra decidió hacerle unos retoques a su obra.

El tanto ya estaba marcado, pero Diego sintió la presencia del zaguero Juan José, un barbudo y melenudo defensor madrileño que llegaba con todo, dispuesto a acabar con semejante ofensa. Entonces apareció la magia. Frenó de golpe, esquivando la barrida del rival y dejándolo pasar de largo. Mientras el defensa chocaba con el palo Maradona la tocó hacia el fondo de las mallas.

Ningún hombre pudo parar a un futbolista así. Sin embargo una enfermedad lo logró, una hepatitis lo enganchó desde atrás, cuando apenas llevaba tres meses exponiendo su talento.

Había debutado el 4 de septiembre de 1982, perdiendo contra el Valencia, en Mestalla, por 2 a 1. Llevaba 13 partidos y 6 goles cuando debió ingresar en reposo absoluto.

Reapareció tres meses después, el 12 de marzo contra el Betis. A su retorno la banca era ocupada por un viejo conocido, César Luis Menotti. La confianza de su compatriota sirvió para realzar la importancia del volante dentro del equipo. Fue una buena temporada, no tanto como para conseguir el título de liga pero suficiente para ganar la codiciada Copa del Rey.

De un momento a otro todo se fue a negro. La nueva y más grande pesadilla tuvo nombre y apellido: Andoni Goikoetxea. El 24 de septiembre de 1983 el Barcelona derrotaba al Athetic de Bilbao por 3 a 0 cuando el mencionado hispano lo dejó sin pierna, tal cual. "Piqué con él, le gané, la puntié, cuando fui a pisar para girar y salir, track, vino el hachazo de atrás, sentí que se me aprisionaba la pierna, que tenía todo destrozado..."." Sentí el golpe, oí el ruido, como de una madera que se rompía". Fractura en el tobillo derecho, con luxación.

Su vedugo no recibió ni tarjeta amarilla y, peor, fue recibido como un héroe en Bilbao. Muchos pensaron que la carrera de Diego se había acabado.

Los primeras evaluaciones hablaban de unos seis meses de ausencia. Otra vez todos se equivocaron. Fue operado y llevó a cabo una milagrosa recuperación supervisada por el doctor Rubén Darío Oliva. El resultado: volvió a pisar una cancha después de 106 días, el 8 de enero de 1984, anotando dos goles en el triunfo sobre el Sevilla por 3 a 1.

Fue la última cosa genial que realizó en España. La relación con el presidente del club, Joseph Luis Núñez, terminó por acelerar su partida. Todo terminó en mayo, otra vez frenta al Athetic de Bilbao, por la final de la Copa del Rey.

Maradono fue recibido por los hinchas locales con una irónico cantito..Goikó, Goikó...en homenaje a quién lo había lesionado. Se agravó cuando el cuadro local abrió la cuenta y comenzó a dejar que los minutos pasaran, amparados en el juego brusco. El partido terminó con una batalla campal dentro de la cancha que dejó a dos jugadores del Bilbao lesionados y con Maradona suspendido por tres meses. Diego fue puesto a la venta y el Napoli sería su próximo destino.

Jaime Ortiz M.

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