Ocho millones de dólares lograron separar a Diego
del club de sus amores, Boca Jumiors. Había llegado
al equipo xeneize en 1981 a préstamo desde Argentinos
Juniors, a cambio de cuatro millones de dólares más
seis jugadores.
Así fue. Las pesetas pudieron más que el amor
profundo entre Maradona y los hinchas de Boca. Retenerlo en
el equipo fue una utopía y el volante debió
partir hacia Europa.
La etapa españla comenzó en 1982. Arribó
a ese país para jugar el Mundial y apenas se bajó
del avión fue presentado con la camiseta del Barcelona.
No jugó por los azulgranas hasta que la selección
trasandina fue eliminada de la Copa del Mundo.
No fue fácil ambientarse. En realidad fue al revés,
se lo hicieron muy dificil. La presión de los dirigentes
por ver compensado su gasto era evidente. La envidia de sus
compañeros tampoco ayudaba y la imagen que dejó
en el Mundial era, por decir lo menos, opaca.
Dentro de la cancha Maradona encontró un equipo muy
físico, donde el único talento era correr sin
la pelota. Tuvo que entrener sin reparos. Era más simple
intensificar su dinámica que intentar enseñarle
a los demás como tratar la pelota.
Para colmo, el sistema de trabajo de su primer entrenador
en el cuadro catalán, el alemán Udo Lattek,
distaba mucho de lo ideal. El hombre parecía más
preocupado de que los jugadores cargaran gigantescas balones
medicinales en los entrenamientos que de usar pelotas de fútbol.
De cualquier forma la magia estuvo presente. Puede discutirse,
pero para algunos fue uno de sus momentos más brillantes
en lo meramente futbolístico.
Un ejemplo de lo anterior es el gol que le marcó al
Real Madrid. Con una amague quebró a toda la defensa
rival, que presionaba en la mitad de la cancha. Corrió
y corrió con la pelota pegada a su zurda, hasta encontrarse
con el arquero, que salió a buscarlo más allá
de su área. Con otro amague no dejó que los
rozara, ni a él ni a la pelota. Luego encaró
hacia el arco vacío. Cuando ya casi había llegado
a la línea de gol y el travesaño le hacía
sombra decidió hacerle unos retoques a su obra.
El tanto ya estaba marcado, pero Diego sintió la presencia
del zaguero Juan José, un barbudo y melenudo defensor
madrileño que llegaba con todo, dispuesto a acabar
con semejante ofensa. Entonces apareció la magia. Frenó
de golpe, esquivando la barrida del rival y dejándolo
pasar de largo. Mientras el defensa chocaba con el palo Maradona
la tocó hacia el fondo de las mallas.
Ningún hombre pudo parar a un futbolista así.
Sin embargo una enfermedad lo logró, una hepatitis
lo enganchó desde atrás, cuando apenas llevaba
tres meses exponiendo su talento.
Había debutado el 4 de septiembre de 1982, perdiendo
contra el Valencia, en Mestalla, por 2 a 1. Llevaba 13 partidos
y 6 goles cuando debió ingresar en reposo absoluto.
Reapareció tres meses después, el 12 de marzo
contra el Betis. A su retorno la banca era ocupada por un
viejo conocido, César Luis Menotti. La confianza de
su compatriota sirvió para realzar la importancia del
volante dentro del equipo. Fue una buena temporada, no tanto
como para conseguir el título de liga pero suficiente
para ganar la codiciada Copa del Rey.
De un momento a otro todo se fue a negro. La nueva y más
grande pesadilla tuvo nombre y apellido: Andoni Goikoetxea.
El 24 de septiembre de 1983 el Barcelona derrotaba al Athetic
de Bilbao por 3 a 0 cuando el mencionado hispano lo dejó
sin pierna, tal cual. "Piqué con él, le
gané, la puntié, cuando fui a pisar para girar
y salir, track, vino el hachazo de atrás, sentí
que se me aprisionaba la pierna, que tenía todo destrozado..."."
Sentí el golpe, oí el ruido, como de una madera
que se rompía". Fractura en el tobillo derecho,
con luxación.
Su vedugo no recibió ni tarjeta amarilla y, peor,
fue recibido como un héroe en Bilbao. Muchos pensaron
que la carrera de Diego se había acabado.
Los primeras evaluaciones hablaban de unos seis meses de
ausencia. Otra vez todos se equivocaron. Fue operado y llevó
a cabo una milagrosa recuperación supervisada por el
doctor Rubén Darío Oliva. El resultado: volvió
a pisar una cancha después de 106 días, el 8
de enero de 1984, anotando dos goles en el triunfo sobre el
Sevilla por 3 a 1.
Fue la última cosa genial que realizó en España.
La relación con el presidente del club, Joseph Luis
Núñez, terminó por acelerar su partida.
Todo terminó en mayo, otra vez frenta al Athetic de
Bilbao, por la final de la Copa del Rey.
Maradono fue recibido por los hinchas locales con una irónico
cantito..Goikó, Goikó...en homenaje a quién
lo había lesionado. Se agravó cuando el cuadro
local abrió la cuenta y comenzó a dejar que
los minutos pasaran, amparados en el juego brusco. El partido
terminó con una batalla campal dentro de la cancha
que dejó a dos jugadores del Bilbao lesionados y con
Maradona suspendido por tres meses. Diego fue puesto a la
venta y el Napoli sería su próximo destino.